Objetivo Corea: Nhoa Lee y su pasión por Corea del Sur

Ainhoa (aunque todos la llaman Nhoa Lee) es traductora editorial de coreano a español, y es conocida por su labor como divulgadora de la cultura contemporánea coreana, tras haber vivido tres años en Corea del Sur. Actualmente estudia un máster en estudios coreanos en la Universidad de Leiden, en los Países Bajos, con el pensamiento de volver a Corea del Sur. Hoy habla para Pez Magazine sobre su experiencia como estudiante en Corea del Sur, qué le inspiró para convertirse en traductora editorial, de dónde nace la pasión con un país asiático como Corea del Sur y sobre comida, entre otras muchas más cosas.

 

Antes de mudarte a Leiden (Holanda) estuviste viviendo tres años en Corea del Sur, ¿cómo fue tu experiencia como mujer extranjera allí? ¿Y tú experiencia como estudiante?

Bueno, en total entre unas cosas y otras unos tres años, sí, pero yo suelo decir dos años porque es el tiempo que viví de forma continua más recientemente: Primero estuve un semestre en Songdo como estudiante de intercambio de la UMA, después estuve de Erasmus en Francia. Tras trabajar unos años en España volví a Corea del Sur para asistir a clases de coreano y posteriormente a esto me mudé el tiempo más largo que he estado viviendo allí; los dos años en el Instituto de Traducciones Literarias, en Seúl. Tras todo esto acabé a Leiden en Países Bajos, del tirón. Loca estoy ya.

Mi experiencia como mujer extranjera tiene sus picos y sus caídas. Por una parte oportunidades y privilegios que en España no tienes: trabajé de modelo, de promotora turística, de monitora de museo con niños coreanos, y alguna cosa que se me pasa seguro. He hecho muchos trabajos pequeños y rarísimos en Corea del Sur, que solo consigues siendo extranjera. Sobre todo ya trabajos que empezaron a raíz de lo que hago en redes. El más divertido fue cuando nos invitaron a una amiga y a mí a ir a hacer un tour en taxi a Gangneung, una ciudad costera al este del país, y nos pasearon en taxi todo el día y nos aprendimos la vida del taxista de memoria. Luego está la parte fea en la que no te integras, estás fetichizada, etc.

Como estudiante cambia mucho si vas de intercambio (como fui al principio) o si estás ya metida a tope en el sistema coreano, ya que son dos mundos distintos. He llorado mucho.

 

Ella es Nhoa Lee / Objetivo Corea

Fue gracias a una beca de la UMA por lo que pudiste viajar a Corea del Sur y formarte allí, ¿cómo te fue concedida? ¿Qué consejos puedes dar a quienes quieren seguir tus pasos y estudiar traducción en Corea del Sur?

La beca inicial con la que fui a Corea era de la UMA, la de movilidad de toda la vida, cuando aún era estudiante de allí. La que conseguí después para formarme en posgrado y mudarme dos años era de un organismo de Corea del Sur dedicado a la literatura coreana. La verdad es que no habría sido posible sin la UMA, ya que tenían un montón de formaciones sobre Corea, cursos, talleres, de todo. En Málaga está muy presente. Yo me apuntaba a todo, a todo lo que hubiera en Málaga o en Madrid, ya que tengo familia allí. A veces me subía solo un finde para una charla o para un evento. Tiempos muy locos.

Esa energía que tenía entonces la iba soltando a chorros, junto todo el dinero que ganaba trabajando: todo en aprender coreano, libros sobre Corea, cursos, En definitiva, lo que estuviera a mi alcance. Ahora estoy muy cerca de vivir 100% de esto, y espero que suceda en pocos meses. Este 2020 ha sido un paso atrás, ya que me gradué de mi posgrado de traducción en 2019 y, justo al mudarme a Holanda, y asentarme todo estalló. A pesar de todo, ya he tenido algunos clientes en España con los que ni hubiera soñado. También soy correctora de webtoons coreanos para una empresa coreana. Estoy muy contenta.

Pero volviendo a esa época, yo ya había estado en el LTI Korea de visita cuando era estudiante de intercambio y me habían tratado genial. Tenían publicado un ensayo mío traducido al coreano, que me regalaron, y me dije a mí misma “voy a leerlo en coreano algún día”. El señor que me enseñó el sitio y me dio un ejemplar de mi ensayo traducido me dijo, “he leído tu ensayo y tienes mucha sensibilidad literaria, ¿por qué no te presentas a la beca para traducir?”. Yo le dije que no hablaba casi coreano y me dijo “vaya, qué pena”. Se me metió la idea en la cabeza y tres años después estaba dentro. También me inspiró mucho un profesor de la UMA, Vicente Fernández, que es traductor de griego moderno. En su momento él había estudiado Psicología, al igual que yo, y ahí estaba, dándonos un taller de traducción, con dos Premios Nacionales de Traducción bajo el brazo. No solo eso, tanto su forma de hablar de la traducción como la pasión que tiene por ella me inspiraron mucho y me dieron valor para hacer lo que yo quería hacer. Y no fue fácil, la verdad. Dar el salto y dejarlo todo. No me sentí muy apoyada en aquella época. No tenía mucho sentido lo que estaba haciendo, supongo. Corea no estaba tan en el mainstream, con todo el pelotazo de los últimos dos, tres años. Ahora mi familia está encantada. Recuerdo que tenía novio en aquella época, un chico español. Cuando la cosa se empezó a poner seria le dije, “oye mira que sepas que mi sueño es este, que yo me voy a ir a Corea”. Él me dijo que sí, que sí pero luego, cuando me lo dieron y me fui de verdad, flipó. Chico, el que avisa no es traidor, no sé.

Lo que recomiendo es confiar en la gente de tu entorno porque si se te está yendo mucho la cabeza te lo van a decir, pero también tener claras tus habilidades, tus intuiciones, lo que quieres hacer y ponerte a ello. No creo en los grandes gestos, yo no me levanté un día y me dieron una beca para Corea del Sur de dos años. Tardé tres años en conseguirla y en esos tres años hice de todo, trabajé de todo y aprendí muchísimo. Esos tres años los recuerdo con mucho cariño como los años “de la anticipación”, donde no sabes exactamente lo que estás haciendo pero tienes una fuerza que tira de ti hacia delante con una idea fija, pero que te tomas con calma y aprendes en el proceso. Yo solo quería saber más sobre Corea del Sur. Cuando me quise dar cuenta estaba allí, tenía mi piso allí y hacía mi vida allí.

 

Soldados japoneses de le época colonial japonesa en la prisión coreana (ahora museo) de Seodaemun, en Seúl.

Un cambio de país siempre significa desarrollar herramientas para la adaptación al mismo, ya que suele ser complicado, sobre todo si es un país asiático como en tu caso, ¿cómo fue tu adaptación?

Pues adaptarse pasa por muchas fases. Para mí la llegada fue terrible, después de tres años soñando con eso. Previamente yo ya había estado en Corea un par de veces y sabía lo que me iba a encontrar, ese no era el problema, pero tenía un síndrome del impostor brutal. Sentía que sobraba. Era la peor de la clase, no me enteraba de nada. Todo en coreano de repente. De mis compañeros  muchos llevaban años en Corea, o estudios relacionados. Un compañero de otro departamento –un periodista estadounidense- iba hablando regular de mí. Fue una cura de humildad porque nunca me había pasado algo así. Pensé en abandonar más de una vez. Era muy difícil, me sentía sola y que no estaba donde tenía que estar. No le deseo esa sensación a nadie. Al año siguiente gané el premio de traducción de poesía del coreano del Círculo de Traductores de la UNAM en México y la verdad ojalá restregárselo por la cara al caballero ese. Si algún día me pasa algo, dadle “enviar” a mis borradores de Twitter.

Mis profesores de traducción también fueron de ayuda, sobre todo mi profesora Sunme Yoon, traductora de Han Kang en español. Ella siempre creyó mucho en mi escritura y me animó mucho aunque a veces le entregara “churros”.

Adaptarme a Corea de por sí, como país, nunca me costó especialmente. Hay cosas que no me gustan, que te hacen sentir muy sola, pero otras son maravillosas. Siempre he sido una persona muy adaptable y en ese sentido siento que en Corea encajo bien (en Francia, o en Holanda). Me gusta explorar versiones distintas de mí. Te ayuda también a relativizar sobre lo estático de la personalidad y si realmente existe tal cosa. La psicóloga que queda en mí se hace mucho estas preguntas.

 

 

Publicaste un hilo en Twitter en el que hablabas sobre cómo en Corea del Sur hay gente que coloca cámaras ocultas en baños públicos, baños de restaurantes, habitaciones de hoteles, etc. ¿Temes que se pueda generar una reacción muy polarizada hacia el odio relacionado con Oriente cuando hablas de este tipo de hechos?

Muchísimo. Creo que es lo más difícil de divulgar sobre Corea –o sobre Japón a todos los efectos– es que no quieres idealizar ni fomentar la exotización ni la fetichización, pero tampoco quieres que salga el típico iluminado con lo de “estos chinos son unos pervertidos”. La cultura popular que se está exportando favorece una imagen muy positiva y a veces siento que alguna gente se pasa compensándolo al hablar de todas las cosas negativas en términos absolutos, como si eso revistiera de una madurez superior.

Cuando me preguntan por cosas negativas de Corea hablo de ellas, y este es un ejemplo, pero si luego lees las menciones de ese hilo mucha gente aprovechó para decir “Ay que asco, no voy ni loca. Están enfermos”. A ver, que en España también hay de eso. Quizás menos pero ni sabemos los datos. ¿Tú los sabes? Yo no los sé. A mí me gusta Corea, creo que podríamos aprender muchas cosas de su sociedad, pero estoy en redes y por eso no entiendo las ansias comparativas todo el rato. Es un discurso que me generan inquietud porque perpetua ese Otro ajeno a nosotros. Se puede apreciar una cultura sin necesidad de compararla con la propia todo el rato, pienso yo. Que conste que he pecado de eso 100.000 veces, pero de todo se sale.

 

Agujeros para cámaras ocultas que imitan el agujero de un tornillo.

 

La idealización genera que muchas personas no sean conscientes de la realidad del país que quieren visitar/conocer. Como creadora y difusora de contenido, ¿piensas que se podría llegar a un punto medio de conocimiento sobre ese país sin generar una imagen distorsionada?

El punto medio no existe, creo que es un poco como cuando das de comer a los patos: intentas distribuirlo para que llegue a todos, pero siempre está el pato “empanado” que no se está enterando y el pato que está ahí el primero. Creo que la analogía se me ha caído a mitad de frase, pero vengo a decir que cada uno interpreta las cosas como quiere, hagas lo que hagas. Me pasa que, a veces, por no querer hablar del sexismo coreano se me han echado encima como si estuviera defendiendo que en Corea del Sur tienen una brecha salarial absolutamente inaceptable. Pero es que tengo miedo de la polarización y de el “en Corea son más machistas que en España”.

No me gustan esas frases de absolutos que no toman en cuenta nada más. Me parecen simplistas y por eso me niego a generar esos debates. A mí me gusta contar las cosas que hay en Corea y que cada uno saque sus propias conclusiones. A veces, termino un hilo en Twitter con una idea completamente distinta a como lo empecé, y no queda muy claro si estoy defendiendo o atacando algo. Me gusta esa ambigüedad, ya que en el fondo lo que yo opine da igual. Todo está teñido de mi experiencia, obviamente, pero los juicios de valor se los dejo a quien me lea.

 

 

He conocido, por ejemplo, a estudiantes de intercambio de países como Corea del Sur que se han cambiado el nombre por otro occidentalizado. Tú nombre en redes sociales, como Twitter y Tik Tok, es Nhoa Lee, ¿la situación es similar?

Sí, cada vez uso más Nhoa Lee porque mi experiencia siempre está presente y mis redes van mucho sobre mí y mi forma de ver las cosas, con lo que es bastante personal. Mi especialización, mi interés, mi vida, está todo ligado a Corea pero también hablo de salud mental, hago bromas, hablo de situaciones de mi vida de todo tipo, hago crítica cultural, comparto muchas cosas que me interesan y quiero que la gente sepa que soy una sola persona y que hablo por mí. A veces, en broma, pienso que debería llamarme Subjetivo Corea.

El nombre de Nhoa Lee fue bastante espontáneo y precisamente tiene mucho que ver con lo que comentas. Leído tal cual parece del verbo “leer”, que para una traductora literaria lo veo propio, y me gusta que sea legible en castellano. Lo cierto es que muchos estudiantes que vienen de Asia se cambian el nombre a un nombre español o inglés para facilitarnos el trabajo a nosotros. Eso me parece fatal, obviamente, pero tampoco es que sea asunto mío. Me llamo Ainhoa, que en coreano se lee 아이노아. Cuando en Corea me preguntan por mi nombre siempre piensan que digo 이노아, que es el apellido y el nombre, el equivalente a Nhoa Lee romanizado, que ni siquiera se dice Lee; Lee es como forzaron a llamarlo a la diáspora en Estados Unidos para encontrar algo que pudieran poner en el pasaporte.

Lee de por sí es un apellido de origen irlandés, si no me equivoco. Pero ya está establecido como la romanización del apellido 이. Así que me llamaban Nhoa, que es algo que mis amigos del instituto me llevan llamando desde hace mucho. Me pareció divertido y me lo quedé. Además, siempre dicen que tu nombre coreano te lo tiene que dar un coreano, y no había duda alguna que el mío era 이노아.

Hay gente que se cree que ponerse Nhoa Lee es koreaboo, o no sé qué, pero es mi homenaje a eso. Al igual que los que vienen a estudiar se cambian el nombre yo al ir a estudiar allí me cambio el mío. Es una broma interna con la que probablemente solo me ría yo, pero bueno. Además 노아 ya existe como nombre en Corea, pero es el equivalente a Noé, es un nombre bíblico y suele ser de chico. Genera confusión y como te digo a mí me gusta mucho la ambigüedad y la confusión porque la inventó Confucio.

 

Nhoa Lee vistiendo un hanbok (vestido tradicional coreano).

 

En relación a la admiración que surge hacia una cultura o país, ¿crees que demasiada gente usa el concepto de apropiación cultural sin saber qué significa realmente?

Sí y te lo digo con todo conocimiento de causa porque soy la primera que al primer signo de apropiación cultural me lanzo a cuello, pero se está usando a veces con la profundidad teórica de un paquete de pipas. Precisamente hace poco hice un hilo sobre esto en Twitter: es este, por si a alguien le apetece reflexionar conmigo sobre el tema. Es un tema muy rico y muy complejo, y precisamente en su complejidad no se puede medir simplemente como “eres blanco y te has puesto un kimono, mal”. Habrá qué ver qué es lo que se está haciendo exactamente. Estos temas evolucionan mucho, quizás te tenga que escribir dentro de unos años para decirte que por favor cambies esto porque ha quedado desfasado. Lo fascinante de los estudios culturales, que están vivos y estamos creándolos y viviéndolos con ellos. Rara vez hablo en absolutos.

 

 

Te has criado en un barrio de Málaga y hablas andaluz, aunque posiblemente esto muchos de tus seguidores no lo sepan. ¿Con qué te identificas más de Málaga? ¿Y de Corea?

Llevo en Málaga toda la vida y en ese sentido mi identidad siempre se ha visto comprometida porque tengo muchos tipos de acentos, muchos tipos de identidades, y en las edades en las que eso es super importante lo pasé mal. Nací en Madrid, mi familia es de todas partes y de ninguna y con 7 años aparecí en Cártama (pueblo de Málaga) recién venida del centro de Madrid y la verdad es que no me integré mucho, como te puedes imaginar. Mis padres tampoco, por suerte. Digo por suerte porque así fue como nos mudamos a Málaga capital, donde he vivido toda la vida y he estudiado, donde tengo la mayoría de mis amigos y donde mi madre sigue viviendo. Mi padre vive en Cádiz, donde tengo familia 100% gaditana no fake.

En mis redes siempre menciono de una forma u otra que vengo de Andalucía, aunque me gusta decir que me identifico como “mesetariandaluza” de segunda generación. Esto es debido a que mis padres son un poco mesetarian –ellos no tienen la culpa, pero es lo que hay– y yo soy la siguiente generación, que en realidad tiene los códigos y el lenguaje del entorno en donde se ha criado y que está sola en ese cisma cultural.

En mi casa hablo con acento bastante neutro, si es que eso existe, un poco de Madrid y un poco de Cantabria, que es la herencia que tiene mi madre. Algunas expresiones me vienen de mi familia paterna, que viene de Galicia, pero mi padre nació en Las Palmas. Un abuelo extremeño, el otro manchego. Estoy esperando a que me fiche un partido político para hablar de la unidad de España, aunque yo seguramente solo hablaría de memes.

En redes hablo con ese acento que uso en mi casa, el “neutro”, pero mis modismos y mi forma de expresarme son 100% andaluzas. Luego, cuando estoy con amigos en Málaga, me relajo y tengo un acento algo más de allí. La verdad, no lo sé. Al final no eres de ningún lado, pero yo lo he hecho mío y si soy ilegible pues sorry not sorry.

También te digo una cosa, yo comunico mucho por redes con mi voz y mi cara y tengo esa facilidad porque también tengo ese privilegio de hablar en un castellano algo más neutro, que es el que me sale de forma natural cuando hablo por redes; pero estoy convencida de que si yo hablara 100% andaluz el 100% del tiempo habría momentos en los que me hubiera cortado o no hubiera hablado, porque hay prejuicios y alguna vez me han dicho que no tengo acento, como si fuera eso lo mejor que me podía pasar en la vida, sin cortarse un pelo. Me ha hecho sentir mal, creo que la gente en general es bastante ignorante con ese tema.

Corea y Andalucía tienen muchísimas cosas en común. Creo que encajan muchísimo culturalmente. Otro día lo hablamos.

 

Universidad femenina de Ewha. Universidad privada para mujeres en Seúl.

¿Qué es lo que te hace querer volver a Corea del Sur?

Siempre sientes que te quedan cosas pendientes para visitar, aprender, experimentar… es inagotable. En mi caso, no quiero vivir en Corea del Sur a largo plazo, ya que me gusta demasiado explorar otros sitios, y conocer otras cosas. No me gusta estancarme. Corea del Sur es mi objeto de estudio, pero no de deseo. Está claro que es el sitio al que siempre voy a querer volver, porque tengo cosas a medio terminar. Y bueno, porque tengo un montón de trastos en casa de una amiga que tengo que recuperar en algún momento. Creo que está en tener claro que cada vez va a ser distinto y que ya no puedes volver a experimentar siempre lo mismo. Cuando veo por redes la ilusión de gente que va por primera vez a veces me da algo de envidia. Ese momento de maravillarse se pierde, lo cambias por los conocimientos y la familiaridad, aunque en mi caso siempre lo siento en la línea 2 de metro, cuando cruza el río Han desde Dangsan a Hapjeong y ves desde el tren la Asamblea Nacional en la isla de Yeouido. Tiene algo mágico esa vista, y más gente me lo ha dicho. En ese momento, pase el tiempo que pase, siempre pienso: estoy en casa, estoy en Seúl.

 

 

De todas tus experiencias en Corea, ¿cuál es la que es imposible que puedas olvidar?

Uf, es que son demasiadas y muchas cargadas con mucha emoción. Cuando me gradué después de dos años estudiando traducción del coreano y decidí que iba a tope con esto. Cuando vino a verme mi familia y fuimos todos a un programa de televisión y mi familia salió en la tele coreana visitando Daegu. Las visitas de mis amigos también, la reunión de los dos mundos. Tengo mucha suerte de que mis amigos y familia siempre me visitan allá donde voy. Son todos unos echaos pa’lante también. Eso ahora con el coronavirus ni te imaginas lo que lo estoy echando en falta. Nunca he estado tanto tiempo fuera sin que algún amigo se pase a verme.

 

 

Para terminar, tengo que confesar que me encanta la comida coreana. Tú que has estado allí, ¿cuál es tu comida/plato preferido de Corea?

Es muy difícil elegir, pero me gusta mucho la estacionalidad que da la experiencia completa: Un plato de mulnaengmyon bien frío en verano, en un restaurante de barrio seulita de los de toda la vida de esos con ventilador, con solo dos platos en el menú y un calendario en la pared del año 2001, y que al salir escuches las cigarras; songpyeon o los pastelitos de arroz en el festival de otoño de Chuseok, en alguna tetería tradicional y luego salir a visitar los palacios; caminar por un barrio de compras con un boniato asado en las manos, o un hotteok bien calentito, de los puestos de invierno y ver las luces y las decoraciones de Navidad. Y en primavera ir a alguna cafetería “cuqui” y pedir los postres temáticos de cherry blossom o los de fresas. Las mejores fresas que he probado nunca.

 

Fideos fríos coreanos

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