Las lágrimas del patriarcado nacen ante el mural caído de Idígoras

El creador de esta imagen permanecerá en el anonimato (pero gracias)

Estos días las redes humeaban con la noticia; el mural que Idígoras había creado en Lagunillas, para que el ciudadano de a pie disfrutara del arte urbano, había sido mancillado.

Idígoras, encumbrado como uno de los mejores dibujantes del país, con su creación pretendía hacer feliz a la gente creando el “Rincón del Beso”, pero lo que no esperaba que con éste se iniciara un diálogo sobre un tema que hoy en día está candente: la condición de la mujer en nuestra sociedad.

 

 

Idígoras

Mural y pintada causantes de la polémica / vía Twitter

 

 

Muchos medios de comunicación se hicieron eco de cómo la “ignorancia feminista” había ¡mancillado el mural! (poco les faltó para hablar de hembrismo ). De cómo la “ignorancia feminista” infravaloraba a un gran hombre, premio Nobel, además. Ignorancia ya que se atenía a la frase en sí y no valoraba la pluma que la había escrito, en una sociedad en la que somos muy de eso; de besar el suelo que pisan aquellos Dioses culturales sobre los que jamás hay que replantearse nada, porque son Dioses con calles que llevan su nombre. Dioses masculinos, en su gran mayoría, que han desdibujado la concepción de la mujer y contra la que hoy día luchamos (según ciertos políticos desde lo políticamente correcto, pues el feminismo es ahora eso).

 

En declaraciones a El Mundo Idígoras comentaba; “En la vida iba a pensar yo que un hombre tan liberal y poco machista como Vicente Aleixandre iba a ser criticado o censurado, y no podía aceptar que el nombre de un poeta tan admirado por mí, que ha hecho tanto por Málaga y que hizo tanto por los intelectuales de su época y por los homosexuales perseguidos, fuera ensuciado día tras día”. Y me pregunto yo, ¿qué tiene que ver el respeto a Málaga, la homosexualidad o la Generación del 27 en este asunto? Nada. Por cierto, ¿cuántas mujeres poetisas valoradas como iguales a los hombres hay en la Generación del 27? No me quiero andar por las ramas y por ello proseguiré en por qué Idígoras debería haber proseguido con el diálogo y no haber borrado su mural, autocensurándose. Porque una cosa quiero dejar clara y es que nadie lo ha censurado, ha sido él con la brocha y el color blanco sobre muro.

 

 

Idígoras

Titular de El Mundo.

 

 

Idígoras utilizó El Beso de Doisneau para ilustrar la frase “la memoria de un hombre está en sus besos”. Una frase que da igual de quien sea y una imagen que también da igual de quien sea. Ambas extraídas de su contexto pierden su significado inicial y adquieren una nuevo y propio, y parece ser que ese ha sido el problema raíz aquí. Una cuestión que nadie ha entendido, salvo excepciones.

 

 

“El Beso” de Doisneau. En 1990, toda la belleza de ese instante se emborronó en forma de denuncia: dos jóvenes modelos, Françoise Delbart, y Jacques Carteaud reclamaron su parte en los derechos de reproducción de la obra, ya que fue una manipulación fotográfica.

 

 

En resumidas cuentas y en conjunto se trata de una imagen en la que un hombre posee a una mujer como la tradición lo marca; le da un beso en una posición en la que ella es totalmente sumisa. La frase le otorga todo el protagonismo a la forma masculina y el apelativo de “hombre” no generaliza ni abarca a la especie humana, abarca únicamente al sexo masculino.

 

Y pienso ¿de verdad tengo que venir yo a reflexionar en un medio de comunicación sobre esto? ¿De verdad tengo que explicar por qué a día de hoy es un mural caduco, que debería de haber sido pensado antes de haberse realizado?

 

 

Idígoras

Titular en el Sur Digital.

 

 

Idígoras realizó este mural en un barrio que el Ayuntamiento de Málaga quiere gentrificar, sin reflexionar antes que lo más valioso que posee Lagunillas son los ideales de sus vecinos y no las pintadas en las paredes de sus casas marchitas. Edificios descuidados por los mismos poderes que invitan a Idígoras a que pinte dentro de emplazamientos públicos. Porque Idígoras ya es un mártir.

 

Alguien con sus propios ideales, de persona no alienada (ya sea hombre o mujer), decidió intervenir de forma pacífica y dar su opinión sobre “la esquina de los besos”, dibujando con el violeta de la democracia real la frase “¿Y la memoria de las mujeres? ¿Dónde está?”, y ahora pregunto yo de nuevo, ¿dónde está la memoria de las mujeres realmente? ¿Puede ser que una mujer se exprese, lo ponga en tela de juicio y se la tache de feminista ignorante y censuradora?. Y una cosa debe quedar clara, el mural siguió ahí.

La pintada que intervenía el mural no era un ataque a Aleixandre. Seguro que dicho individuo conoce al poeta que dijo que Málaga era “Ciudad del Paraíso”, frase cansina que también he podido leer en los medios y que con una tasa de paro del 22,14 % será un paraíso para los turistas, quienes pueden pagarse desayunos a diez euros. Vicente Aleixandre fue un hombre que vivió en un momento de la historia en el que no se pensaba ni de lejos como ahora se intenta reflexionar, a grandes rasgos, sobre el papel de la mujer dentro de nuestra sociedad.

 

Quiero puntualizar que el mural y las partes que lo conformaban estaban creados por una mano masculina. La foto de Doisneau era un mero truco que organizó el fotógrafo en las calles de París, era una creación del fotógrafo. Una visión del amor que un hombre poseía y para nada fue natural, no tan natural como la intervención lagunillera.

 

Quizás la tildada como “ignorante feminista” se quejaba de cómo bajo el apelativo de “hombre” se recoge a toda la humanidad y aquel hombre del beso sigue sin darse cuenta que de la mujer emana esencia propia.  Y quizás nadie lo entiende. “Nadie” utilizado aquí como pronombre que hace referencia a hombres cuyos escritos (que he podido leer en diferentes medios de comunicación) se jactan de mezclar ignorancia y feminismo a partes iguales en la misma frase.

 

Mucho más miedo me causa que se mancille la palabra “feminismo” a la mínima, de lo que me da que se borre un mural en un barrio cualquiera de una ciudad cualquiera del mundo, sea quien sea su creador. Si lo pienso bien, el mural una vez realizado pertenece a la calle como forma de expresión y esperar que se perpetúe como el creador quiere es de inocencia infantil. Así que menos ajos y más libertad de expresión para todos y no sólo para Idígoras.

Os dejo con Nerea Pérez de las Heras y su feminismo para torpes. Una ídola ella.

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