Fusión lírica con The New Raemon y McEnroe en MVA Ollerías

Dice el refranero castellano que “dios los cría y ellos se juntan”. Nosotros podríamos añadir “y todos disfrutamos” vista la calidad del concierto que The New Raemon y McEnroe, en modo fusión, dieron dentro del ciclo de conciertos Entrance que se celebró en el Centro Cultural María Victoria Atencia el pasado 30 de marzo.

Los dos frontmen, Ramón Raemon Rodríguez y Ricardo McEnroe Lezón, venían con buenos motivos para dar una buena noche de música en directo, no solo por la presentación de su disco conjunto, Lluvia y truenos, que tan buenos parabienes cosechó el pasado año, sino que venían con reciente premio bajo el brazo, el de mejor álbum pop, en la pasada edición de los MIN Premios de la Música Independiente.

Con semejantes argumentos, era de lógica que la noche tuviera sus picos de excelencia musical con una banda bien compacta y profesional – desde ya, seguidor acérrimo del multinstrumentista Marc Clos y su impacto dentro del escenario – de cara a presentar las canciones del disco, un conjunto de composiciones bien amuebladas que forma un hogar sentimental, que bien podría ser la banda sonora de una película de Eric Rohmer o de discípulos como Jonás Trueba.

En una primera parte del concierto, las canciones del disco conjunto fueron recorridas con precisión y sensibilidad, desde la canción que da título al disco con un toque elegante gracias al vibráfono y platillos – Nick Drake caminaba por el escenario casi de puntillas – pasando por La carta – prueba demostrable de que Ricardo McEnroe es uno de los mejores letristas del panorama musical nacional –, o Malasombra y el fuego oscuro con que están forjadas letra y música.

The New Raemon y McEnroe

Imagen: Patricia González

Si bien es cierto que en un entente de estas características, en algunas ocasiones, puede acabar en proyectos fallidos – todos sabemos que la lírica forma parte del ego y que dos líricos pueden acabar en una guerra mundial –, en el caso de The New Raemon y McEnroe es todo lo contrario. Ellos juntos, forman un equilibrio que bascula de igual forma tanto en un artista como en otro. Este equilibrio se apreció en canciones como Barcos o Gracia, donde las letras íntimas de McEnroe encajan en el traje musical que la banda confecciona. Por el lado de Ramón Raemon, la prueba queda más que demostrada en Cuadratura del círculo y su cadencia musical dentro de una composición llena de ironía sentimental.

Pero ya que estábamos en trámites de fusión nuclear y lírica, donde mejor se pudo ver la calidad de estos artistas fueron los momentos de la acometida de Por fin los ciervos, una canción atemperada de forma preciosista a cuatro manos y el quasi-western crepuscular a la par que nocturno de Pódznychev.

Tras el anuncio de que no habría bises – peculiar anuncio a la vez que protocolo de directos – con la canción Cristo de los faroles, The New Raemon y McEnroe pasaron al juego de préstamos musicales de sus propios proyectos, como fue en el caso de las mcenroniadas Caballos y palmeras y La Palma a la voz de Ramón Raemon, y al remake musical de temas como Rugen las flores, con un renovado aire más cálido y de leve celeridad pero de igual calado, finiquitando la noche con la oscura pero bailable Campos magnéticos del proyecto paralelo de Ricardo McEnroe Viento Smith en crescendo eufórico, haciendo al público levantarse para unos movimientos de baile suelto.

Tras el concierto, las charlas, los comentarios positivos y las opiniones danzaban por boca del público asistente. Pero, en mi cabeza, resonaba todavía el estribillo de Fantasía heroica (“víctima de los discos, víctima de un movimiento artístico”) al que yo le añadiría, a modo de reflexión, que todos fuimos “víctimas de un concierto de diez”.

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