Viajes siderales con The Magic Mor y Apartamentos Acapulco en Sala Velvet

Según la RAE, viajar significa “trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante, por cualquier medio de locomoción”. No puede ser más acertada tal definición tras asistir al concierto que dieron The Magic Mor y Apartamentos Acapulco, dentro de los eventos ofrecidos durante el Maf – Málaga de Festival-. Todo un viaje hacia el espacio exterior gracias a la música, pero con la particularidad de no habernos movido de la Sala Velvet. 

La travesía comenzó con The Magic Mor presentando el cancionero de su primer disco, The Magic Boooooom​!​!​!, uno de los mejores discos de la cosecha indie nacional del pasado año. Los gaditanos desplegaron su psicodelia pop de alianzas siderales con remembranzas a los años noventa de The Flaming Lips o Mercury Rev pero bien filtradas y asimiladas por el propio grupo en un buen ejercicio musical donde destacaron My copy y sus guitarras con leve toque noise “a lo Yo la Tengo”, el final hipnótico de Running nude, Up shaka ohm y su bajo imborrable en la memoria del público y, pecado no olvidarse, una preciosa Phase and soul que haría las delicias de unos renacidos Grandaddy.

Sala Velvet

Imagen por Álvaro Gluckmann

Imagen por Álvaro Gluckmann

 

No todo fueron pedazos sonoros de su disco sino que se atrevieron con una versión de European son de Velvet Underground llevándola a buen puerto, hacia sus terrenos psicodélicos. Se vistieron con ropajes de estreno para tocar melodías inéditas como Countdown o Room service, canción con la que cerraron su actuación y que, tras su escucha y disfrute, se augura otro buen viaje hacia otros planetas en un futuro próximo álbum.

Tras unos momentos de recomposición vital, Apartamentos Acapulco hicieron acto de presencia sónica con un concierto impecable donde las cuitas sentimentales, los sueños y sus quebrantos, los rencores y los “te quiero” se dan la mano con el noise, el pop de guitarras afiladas y las melodías que facilitan el tránsito a estados ingrávidos.

Arrancaron potentes y acelerados con la melancolía sónica de Nuestro motor para, de ahí en adelante, ir dejando gemas en forma de canciones de su último ep, Justo y necesario, como El día de la primavera – magnífico retrato de la inquietud en las primeras fases de un enamoramiento – o Scarlett, canción que, para el que suscribe, se ha convertido en un hit atemporal del indie nacional donde se rompe la fina línea que separa la ingravidez del shoegazer de las reverberaciones del noise pop. Fue durante esta canción cuando el público demostró el cariño profesado hacia la banda granadina, coreando la canción en un arrebato de fan al unísono y quedando a las claras que la banda ya no es promesa ni remedo planetario, sino que es un hecho consumado, meritorio, aplaudido y merecido.

Imagen por Álvaro Gluckmann

Imagen por Álvaro Gluckmann

 

A lo largo de la noche, hubo momentos de estrenos tanto conocidos – una melodía planetaria para Juan sin miedo, como adelanto a su próximo Lp – como inéditos – Romance de verano y Qué quieres de mi – que anunciaban que el futuro del grupo irá ampliado con nuevas sonoridades.

No cabía duda de que la noche iba a acabar a lo grande gracias a la sucesión de momentos sonoros que nos iba regalando la banda. Bing bong parecía un polvo de amor y desencanto entre The Jesus and Mary Chain y Galaxie 500, Y si todo cambia quedaba en escena hipnótica de ilusiones de pareja con los primeros New Order de fondo mientras que el fin de fête fue galardonado con Nueve esferas en una suerte de psicodelia noise donde los versos “Vamos todos de camino / pero no sabemos cuándo” cobraba sentido a una noche sideral, de viajes atemporales sin movimiento ni tiempo, donde lo que importaba era la banda sonora del viaje, el sonido antes que el movimiento, la música por encima de planetas y universos.

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