Paloma Peñarrubia, la artista que ve la música

Una de las fortalezas que conlleva la música es el poder de creación. Encontrar un sonido que solo está en ti, en algún matiz de alguna emoción reciente o guardada. Una necesidad de expresar y de vencer al sonido esperado. Una lucha por imponer la fragilidad como la creadora del discurso triunfante, deshaciéndola del significado que la vida le intuye. Y lo bueno de todo esto es que hay quien tiene el atrevimiento de explorar desde ese lugar y no saciarse.

 

Paloma Peñarrubia (Málaga) se dedica a la composición para medios audiovisuales y escénicos y a la música electrónica experimental. Fue al conservatorio desde los once hasta los quince años y lo demás le llegó a base de ensayo y error. Actualmente está inmersa en Las flores no lloran, un proyecto musical que inició en 2010 y cuyo estilo corresponde al electrónico y electroacústico.

 

Su cabeza es una espiral de invención constante. No sabe de dónde surge la inspiración ya que cree que va más allá del momento en el que se encierra en el estudio: “Es cuando estoy en la cama antes de dormir y no dejo de escuchar una melodía que debo grabar de inmediato. O es cuando voy al supermercado y estoy pensando si resuelvo mejor la armonía de una manera u otra. No me queda otra que ir a comprar pero mi cabeza no está viendo lo de fuera, está dentro escuchando música”. Asegura que es algo muy intenso ya que “estás todo el rato contigo misma”. Con lo que eso supone: “Menos mal que mis amigos me quieren –ríe– ya que los veo poco, pero son fundamentales para mí.”

 

Es una realidad que la música refleja el movimiento social de cada tiempo y  ante esto evoca una gran evolución, no solo en lo estrictamente musical. Desde el punto de vista de género, la falta de igualdad ha sido una constante en las artes en general donde la presencia femenina era limitada y cuya figura quedaba tapada bajo el cartel de musa. Sobre la situación actual Paloma se muestra optimista: “Pues en general creo que la industria cinematográfica se está abriendo a nuevas generaciones y por lo tanto estamos viviendo esa transición en la que se confían los puestos de jefes de equipo en departamentos a gente joven, entre ellos a mujeres”.

 

 

Imagen vía cimamujerescineastas

 

Más allá de lo estrictamente musical, la artista malagueña se impregna de otras formas de expresión. Desde pequeña siempre me ha gustado el arte en todas sus formas de expresión. Adoro el teatro, la pintura, el cine, la literatura… El hecho de haber elegido la música fue por ser el camino que más me cautivaba, pero creo que la expresión creativa va más allá de una sola herramienta. Poder disponer de la imagen, la literatura, la música simultáneamente como comunicación es maravilloso, hacen que la experiencia estimule más uno de nuestros sentidos. Escuchar la música desde la mirada de un pintor, un bailarín o un cineasta me hacen expandirme en mi disciplina más allá de la metodología musical”.

Y matiza: “Eso no quiere decir que no disfrute de la música, o del arte en general, en su expresión individual.  Por supuesto la experiencia individual y consciente de la música, por ejemplo,  me llevan a entender de una forma profunda el origen, germen o esencia de ésta”.

 

 

 

 

Esta vorágine creativa le permite encontrar la posibilidad de conectar el atractivo de cada arte en una misma composición; la posibilidad de descubrir el sonido para la imagen. La inquietud para crear una banda sonora: “Para conectar con la imagen creo que es fundamental saber que quieres contar con respecto a lo que se ve: ¿Quieres remarcar lo que ve el espectador o quieres contar lo que no se ve? Además, también influye cómo está contado visualmente, ya que esto determinará como se respira la música. ¿Cómo quieres contarlo?, ¿quieres que la secuencia pase rápido o se dilate en el tiempo?, por ejemplo.

Al final creo que lo importante es entender bien qué quiere contar la historia y cómo quiere ser contada y expresarlo musicalmente. Ya bien sea a través de un lenguaje más atmosférico, o narrativo o lleno de contrastes. El caso es que la comunión entre imagen, sonido, interpretación y música, exprese ese mensaje”.  

 

 

 

 

En la composición, entendida como una actividad interna con uno mismo, se hace evidente el alto grado de libertad en su ejecución.  Para Paloma es importante el margen que pueda dar un director al pedirle llevar a cabo una banda sonora: “Hay distintos grados de implicación de los directores en los diferentes departamentos, no solo en la música. Pero por supuesto, mientras más libertad te deje, más te sentirás representado en tu trabajo. Para poder defender tu idea, es aconsejable entender bien el proyecto para poder ofrecer algo que te represente pero que esté acorde con el resto del equipo. Por lo que esa parte previa de análisis es fundamental”.

Su trabajo le ha llevado a la preselección a los Goya  por la banda sonora de Bajo la piel del lobo y su nominación a los premios ASECAN 2019 de Cine Andaluz: “La preselección fue una grata sorpresa. Que entre todos los candidatos, y entre ellos gente a los que admiro, se mencionara el trabajo que realicé para Bajo la piel de lobo el cual hice con mucho amor y  que ha marcado un antes y después en mi carrera, ha sido un regalazo, así como que se comentara entre los foros y estuviera entre los preferidos aspirantes a las nominaciones.

De hecho, el trabajo me ha llevado a estar nominada en los premios ASECAN 2019 del cine andaluz entre gente tan grande como Pablo Cervantes, Sergio de la Puente y Fernando Vaca. Eso ya es un premio”.  Estos reconocimientos han tenido eco en su ciudad natal,  que también le ha otorgado la “Biznaga de Plata” en el marco del Festival de Cine en Español 2019 y con el trofeo “Mujeres en escena”.

 

Os dejamos con trabajos de Paloma Peñarrubia:

 

 

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