NOCHE DE CUERVOS EN PARÍS 15

El sol se discernía en el cielo de forma irregular, fue de más a menos, finalizando en un atardecer gris y plomizo. No era el rojo sol que aparecía en el cartel de la primera edición de Noche de Cuervos. Pero poco importó a lo que se vivió en la sala París 15 gracias a la iniciativa de Mizake Prod y MPLC Crew, en un magnífico intento por ofrecer música alejada de propuestas más acomodaticias, dando como resultado a la primera edición de un festival que, promete para bien, será una cita anual para cuervos inquietos.

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Imagen por José Baez

El festín de pájaros oscuros comenzó con la banda malagueña Tálamo y su post-rock, escrito a renglón seguido de los designios más rockeros de Mogwai o las subidas de intensidad de Explosions in the Sky. Con un ep de reciente aparición, Apolo / Diana, desplegaron su sonido con relativa soltura, aunque con cierta rigidez de formas. Sin duda, un grupo a seguir y disfrutar en futuros conciertos.

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Imagen por José Baez

Con un pequeño receso – que se repetiría a lo largo del evento entre banda y banda – amenizado por las canciones que pinchaba la dj oficial de la noche, DJ Cuerva, llegaron Boneflower y el acelerador se pisó a fondo. Frescura, intensidad, dinamismo, drama… todos esos calificativos asaltaron a la mente con la muestra de screamo de raigambre post-hardcore que ofreció esta banda madrileña, cuyo cantante era la viva imagen de un hombre desbocado y dolido que abordaba canciones de intensidad real como Neverending, gema contenida en su grandioso primer ep, I’ll be the bones, you’ll be the soul, más el añadido de algún estreno de canción de cara a un futuro álbum. Para el que suscribe, el grupo se convirtió en una de las sorpresas que el festival ofrecería a lo largo de la noche.

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Imagen por José Baez

Los cuervos ya estaban entre nosotros, a ras de suelo, cuando Oddhums subieron al escenario. Los jienenses ofrecían su primer concierto para presentar The inception, primera obra que ha cosechado éxito entre la prensa musical de medio mundo. Y razón no les falta, porque Oddhums es una excelente propuesta musical que cala hondo gracias a la conjunción de un stoner pesado y poderoso con ramalazos vocales hacia el grunge. Aun teniendo ciertos problemas de sonido, su actuación deparó fuerza y grandeza. El único pero que se le pueda achacar fue la sensación de brevedad con un setlist corto pero que, sospechamos, es la pista principal para el sentimiento de hambre de más canciones que generó entre los asistentes, dando la sensación de que, tiempo al tiempo, Oddhums se convertirá en banda de culto.

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Imagen por José Baez

La noche continuaba mientras cruzábamos la zona meridional de un bosque tenebroso en el que, en un claro, se celebraba un ritual de atrezzo y realidad inquietante hacia dioses páganos del que fuimos espectadores atónitos. Los anfitriones, llamados Pylar, invitaban a adentrarse en lo compleja y densa de sus estructuras musicales, unas canciones que se han forjado en un disco llamado Pyedra. El resumen de aquella actuación – o ceremonia, porque lo vivido en esos momentos tenía más de experiencia vital que concierto al uso – se puede definir como creencia y fe. Creencia en una propuesta que rompe esquemas de forma muy personal y que atrapa desde la profundidad del doom metal para hacernos fervientes seguidores de la música de un pasado ancestral.

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Imagen por José Baez

Sin duda, la sucesión de grupos que aparecieron en la Noche de Cuervos hacían experimentar en el público una subida al Everest de la intensidad, cuya cima estaba habitada por El Altar del Holocausto. Los salmantinos, con sus clásicas túnicas y liturgia religiosa, ya nos habían regalado en fechas anteriores actuaciones memorables, así que no habitaba la sorpresa, pero si se encontraba la experiencia  de un grupo que, a cada actuación vivida, gana enteros en el oyente gracias a su post-rock de toque doom donde la tensa espera y sus silencios inquietantes ante los cambios de ritmo hacen en el público una experiencia de gran magnitud.

Y tras la cima, llegó la bajada, el viaje de vuelta a casa y el recuento de los momentos memorables. Mientras, los cuervos viajaban hacia otros lugares con la promesa de que volverán cuando el atardecer sea rojo intenso y la música truene.

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