Pepo Galán dentro del ciclo musical Crujido, en La Polivalente

Pepo Galán ofrece una sesión de improvisación con un extraño hilo conductor cinematográfico en forma de buzo inmerso en un océano de recuerdos y memorias pasadas. Otro acierto más del ciclo musical Crujido, que se celebra dentro del espacio cultural de La Polivalente.

Es curioso ver cómo la ciudad de Málaga se esta transmutando en la primera viñeta de aquellos clásicos cómics de Astérix donde, enmarcando un mapa de la Galia, aparecían varios enclaves de invasores romanos al acecho de una única aldea donde, a la defensiva, marcaban su propio territorio Astérix, Obélix y compañía.

Esa mutación se ve personificada en determinadas salas y espacios culturales que, a lo largo de la capital, y en un alarde de valentía y conciencia cultural, funcionan como “aldeas heroicas” para dar cabida a propuestas musicales que se mantienen al margen de modas, industria y dinámicas afines al gran público. La Caverna Amores, El Ojo Patio o el espacio que destacamos en esta crónica, La Polivalente y el ciclo musical Crujido promovido por el artista Axilleas Pó, ejercen de catalizadores para que todo aquel aguerrido artista – en el caso del pasado sábado, Pepo Galán – pueda desplegar sus armas y ofrecer al público sus proyectos.

Pepo Galán

Foto por Nacho Jaula

 

Pepo Galán – una de las cabezas pensantes del sello El Muelle Records, descubridores de músicas que se circunscribe bajo los renglones de la heterodoxia musical –, ataviado de cacharrería electrónica y guitarra eléctrica, comenzó su improvisación tecleando resortes en la imaginación de los asistentes para ofrecer la banda sonora imaginaria para una película mental, una historia personal e intransferible para cada oyente pero que poseía sonoridades comunes que se encontraban en el ambiente que el artista estaba confeccionando sobre la marcha.

Cada película soñada, una visión distinta, pero la melancolía era el eslabón que unía todas las impresiones imaginarias del público.

Por ejemplo, para el que suscribe, Pepo Galán ofrecía la oportunidad de vivir la historia de un buzo que, sumergido en un vasto océano, encuentra en su fondo el recuerdo que perdió y siempre quiso encontrar, su infancia, su pasado más lejano y más luminoso. De ese descubrimiento y de su asimilación, surge el contraste de pasado y presente que resquebraja la realidad para crear algo totalmente nuevo.

Imágenes y sensaciones iban forjándose en el imaginario colectivo a partir de la interacción del artista con sus instrumentos y sus máquinas a lo largo de la actuación, dejando tras de sí momentos de una belleza indudable, a caballo entre el primer Brian Eno ambiental y los ecos distorsionados de Ben Frost.

Su improvisación se convirtió en un largometraje musical de ida y vuelta, bello y melancólico, que se complementó con otra pequeña improvisación espontánea con la ayuda de un “guest starring” de altura, el artista Lee Yi, compañero de Pepo en el proyecto Dear Sailor, realizando un cortometraje sentimental e intimista donde el amor y la fisicidad de los cuerpos iban de la mano hacia un horizonte nocturno.

El océano, la memoria perdida y el amor nocturno. Tres elementos de una fuerte carga audiovisual que se disfrutó en La Polivalente demostrando una vez más que, en esta tierra, existen narradores musicales que defienden la libertad de lo bello al margen de todo.

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