Crónica de un neófito en el Canela Party 2017

 

Como reza el título de la crónica, la edición de 2017 del Canela Party, la del décimo aniversario, la que más expectativas disparó cuando se anunció, iba a ser la primera ocasión en la que acudiría a aquello que llamaban “pitote” en la París 15. ¿Qué podía esperar de un festival que se ha celebrado a lo largo de tres noches como las buenas bodas gitanas y que reuniría, en su cenit, a personas disfrazadas de lo más variopinto mientras se veían inmersos en pogos amenizados por auténticos grupazos?

 

 

Imagen por MCruz Pedregal

 

 

Cualquier cosa que esperase fue superada cuando me planté en la sala a pocos minutos de empezar el concierto de Wild Animals. Iba predispuesto por los los conciertos del jueves en la Velvet con Kill Kill!, Fuckaine y Cuchillo de Fuego, y la locura que se desató el viernes durante Terrier, Cómo Vivir En El Campo y Kokoshca, en cuyo concierto todo el mundo se subió al escenario a liarla. Me di cuenta que, esto último, más que una anécdota, era un aviso y una premonición de lo que acabaría por acontecer esa noche, que empezaba con buenas dosis de un rock que fluctuaba entre lo garajero y lo pegadizo, con los madrileños Wild Animals, un trío de batería, bajo y guitarra que interpretó temas de su Basements: Music To Fight Hypocrisy con los que hicieron vibrar a un público que aún estaba calentando.

 

 

Imagen por MCruz Pedregal

 

 

Al acabar este primer concierto y una vez se dieron los oportunos agradecimientos por parte de la banda, no pude más que hacerme a un lado y admirar el panorama en el que me veía inmerso. Como digo, estaba avisado, pero no preparado para el espectáculo que se cernía sobre mí. Mi vista empezó posándose en dos muchachas disfrazadas de los componentes de Ojete Calor y pasó por un grupo representando al Frente Popular de Judea (que no al Frente Judaico Popular, que esos son disidentes), para culminar en unos tipos que se vistieron de personajes de The Leftovers y sólo se comunicaron conmigo mediante sus libretas (hasta que hubo suficiente cerveza por en medio para intercambiar buenas risas y comentarios).

 

 

Canela Party

Imagen por MCruz Pedregal

 

 

Mientras esperaba a que Biznaga tomara el escenario, pensaba en que la escena para ellos sería, cuanto menos, curiosa. De ellos sólo cabe esperar un directo algo serio, altamente furioso y sangriento. Esperarían pogos, sin duda, pero no entre mujeres disfrazadas de Eva Nasarre y dos perezosos que había por ahí. Pero justo cuando aparecieron los miembros del cuarteto disfrazados de cortesanos franceses, me di cuenta que la magia del Canela Party es ese vínculo de cachondeo que se crea entre público y bandas, que no dudan en formar parte del pitote. Así vestidos empezaron a soltar metralla entre confeti y polvos de talco. Su Sentido del Espectáculo quedó presente con esa batería que rezumaba fuego y ese vocalista que entonaba furioso las proclamas de Fiebre, Nigredo, Los Cachorros o Una Ciudad Cualquiera. A los asistentes nos tenían en el bolsillo desde el primer momento, pero hasta que no destaparon la guillotina que tenían en el escenario y decapitaron a un maniquí la locura no alcanzó sus cotas más altas.

 

 

Imagen por MCruz Pedregal

 

 

De nuevo, una pausa para retomar fuerzas y admirar más disfraces. Este descanso nos conducía al concierto de METZ, grupo canadiense que anda en boga al tener a su público expectante por el inminente lanzamiento de su nuevo álbum de estudio, del cual interpretaron en su concierto las potentes Cellophane y Drained Lake. Cabe decir que me costó reconocer los momentos en los que se interpretaron sendas canciones, y es que entre el público acalorado nada más que llegaban los riffs furiosos de guitarra y los gritos del líder de un grupo que, en aquellos momentos, iban disfrazados de ZZ Top meets Duck Dynasty. Aún así, uno pudo notar el rodaje de una banda incombustible que atacó certera ganándose el amor del público. Aunque puestos a ganar amor, Perlita se ganaron el mío sobremanera. Los gaditanos aparecieron en el escenario con maquillaje kabuki, batería y dos sets de sintetizadores. Su apuesta musical, que mezcla ritmos de baile y vocales incomprensibles cargados de vocoder y modulaciones, abrió la veda a la tanda de electrónica con la que el público no quedó parado ni un momento. Tal era el buen ambiente que se respiraba que la banda invitó a miembros del público a subirse al escenario para iniciar un crowdsurfing.

 

 

Imagen por MCruz Pedregal

 

 

Muy a mi pesar me perdí el directo de Meneo, del cual me llegaron buenas palabras que me contagiaron la diversión de aquel concierto; así que la última actuación que vi aquella noche fue la de los canadienses Holy Fuck. Tenía muchas ganas de verles en vivo, tanto por ser la segunda apuesta internacional de la noche como por lo peculiar de su música (como con Perlita, electrónica de baile, pero con teclados y demás artefactos de fabricación casera). Empezaron bien potentes haciendo que el público se sumergiera de lleno en ese universo sintético sin prisa pero sin pausa, estallando en los momentos justos y potenciados por el cantante de METZ que, desde el lateral, lanzaba confeti.

 

 

Canela Party 2017

Imagen por MCruz Pedregal

 

 

Pero las cosas como son: la música en el Canela Party pasaba, en cierta modo, a un segundo plano para verse eclipsado por los disfraces y las ganas de fiesta. Merodeando entre el público me topé con gente de Madrid, Barcelona o Granada que acudía expresamente al Canela ya no por las bandas que tocaban, sino por el pitote, la esencia de la fiesta. Y, cabe decir, que aquí se han ganado un nuevo seguidor que ya se encuentra preparando su disfraz para el año que viene en el que habrá más marcha y más pitote, si es que es posible.

Imagenes de la Galería por MCruz Pedregal

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