TERMINA EL CICLO «INSULTANTEMENTE JÓVENES»

El paso de los años es inexorable, ¿quién puede evadir sus primeras arrugas?, ¿quién puede ver una foto de a saber qué año –mejor ya ni saberlo- y no ser consciente de cuánto, cuánto ha llovido desde entonces? Pero algo nos brilla en medio de tanto transcurso, como un descanso o una anestesia: la juventud. Y este lapsus de belleza ha sido el eje de este ciclo, Insultantemente jóvenes,  no por ser su temática, no, la juventud era, ha sido la voz de cada recital, celebrado en diversos lugares –Hotel Molina Lario y su precioso patio, o el Rooster con sus paredes bien cuidadas de auténtica bohemia-. Sí, un festival podría decirse, que ha contado con poetas y músicos tanto de la ciudad, Málaga, como de fuera; además, la absoluta variedad de estilos, corrientes, preferencias, etc. reflejadas en cada participante. Todo un espectáculo concertado y solo posible de la mano de Cris León, ella ha coordinado tal reunión de amantes de la cultura, y al decir amantes, es con mención al público que ha llenado cada día estas salas. Cris León, poeta y gestora cultural –con un gran futuro por delante en sus proyectos-, licenciada en Periodismo y máster de Gestión cultural, ha ido reuniendo durante todo el mes de julio cada miércoles en el Molina Lario, y algún viernes o sábado  en el Rooster, cuyas jams de poesía y música también coordina –pero eso, es otra interesante historia-.

Cris León, organizadora de Insultantemente jóvenes.

Cris León, organizadora de Insultantemente jóvenes.

 

“Que la vida iba en serio/ uno lo empieza a comprender más tarde/ -como todos los jóvenes, yo vine/ a llevarme la vida por delante.// Dejar huella quería/ y marcharme/ entre aplausos/ -envejecer, morir, eran tan solo/ las dimensiones del teatro.// Pero ha pasado el tiempo/ y la verdad desagradable asoma:/ envejecer, morir,/ es el único argumento de la obra”. Con este poema de Jaime Gil de Biedma, No volveré a ser joven, más allá de esa mueca, esa media sonrisa elevándose hacia el silencio de saber cómo acertó el poeta catalán a la hora de definir la madurez, el ir comprendiendo, tras la juventud, verdades inaccesibles antes y, ahora, abiertas como una barra de pan para alimentar los años cumplidos. Así, Cris León, quiso inaugurar Insultantemente jóvenes leyendo sus versos, y abrir paso a otro tipo de alimento: el del futuro. Sí, porque desde el primer día, un miércoles 6 de julio, a las ocho y media de la tarde, en el Hotel Molina Lario, se observó ya la diversidad que dirigiría el compás de todas sus citas.

Cartel oficial del ciclo.

Cartel oficial del ciclo.

 

Los primeros en abrir fuego con su palabra quedó a cargo de la joven –aún ni veinteañera- Ana Elei, su voz tan suave que pareciera pedir permiso a tus oídos de poder llegarte a cada golpe de herida en sus versos; Ángelo Néstore, el poeta español nacido en Italia, Lecce, con un castellano tan cuidado y milimétrico lo mismo que sus versos –al oírlo, y ver su documento de identidad corroborando su nacionalidad italiana, el asombro te obliga a entender por qué el arte no tiene fronteras y, de paso, cómo habla mejor el idioma que un propio nativo de esta península-; así también Adriana Schlittler, Pablo Rompe o Jorge Villalobos continuaron la estela de la poesía; la música –no podía ser de otra forma- se desarrolló a través de las canciones de Rafa Toro. Análogamente fueron los demás días, con nombres como Jesús Baena y su nuevo libro Raíz de mi derrota; Rubén de la Cruz Xenon y su rap; Jota Fernández; María López; terminando este segundo día con Ainhoa Urquia y su potencia leónica de cantar una verdad. Sí, porque también hay verdades en la inocencia, también una luz donde a veces se escapa el ir pisando tierra y madurez. Estos jóvenes se mostraron dispuestos a no renunciar sus alas, ¿quién no ha deseado permanecer en ese vuelo indomable que es tener veinte años? Y aún había por planear. Antonio Buch con su mítica canción Piñata, Alba Jiménez quien, nerviosa, le correspondió, tras ella actuar, la no poca responsabilidad de presentar a Cris León, quien también tomó micro ese día; Pablo Sáiz asombró al público; y Fran, cuyo nombre artístico es Artífice, y tiene esa particularidad de recitar sus textos de memoria, declamándolos. Inercia, Victoria López, Carmen Moreno, Jose Nebreda, Miguel Ángel Padilla –quien tiene un gusto exquisito para los sombreros, y los  versos-, y Rafafields. El último día lo clausuraron Ana García, puro rizo musical; Artin y Rubén, un dúo tan brutal como ameno; Gabriel Guerra, sin despeinarse ni un verso de su línea personal; Álvaro Holgado, de Granada y admirador de Passolini, Allen Ginsber y Leopoldo María Panero; Arantxa Yepe, acompañada del pionista Juanjo, se improvisaron un dúo también con pucho por decir, por expresar; por último, Daniel Díaz Godoy, el más multidisciplinar de todos –poeta, pintor, músico…- leyó de su cuaderno, ya concluido, Desnudo entre ortigas. Todo esto fue en el hotel vecino a la catedral malagueña “La Manquita”. Por otro lado, en el Rooster, el viernes ocho, se llevó a cabo la presentación del libro La ataraxia del corazón de Sara Búho, publicado en Valparaíso, la cual ha dado un vuelco a la poesía joven –o el concepto de ella-, enfocándola a un público, si no más joven –que también, al menos sí desconocido para las salas de poesía, con nombres como Elvira Sastre o Fernando Valverde, entre los jóvenes, Luis García Montero o Rafael Guillén, entre los más consagrados. Todo esto se completa con la Barra libre de poesía +  música, con Óscar Sejas de invitado, al día siguiente. En este ciclo se ha contado con la colaboración de Antonio Dobón al contrabajo y Pablo Mérida al violín.

Daniel Díaz Godoy recitando "Desnudo entre Oritgas".

Daniel Díaz Godoy recitando «Desnudo entre Oritgas».

 

¿Y tienen algo en común los integrantes de tal evento?, ¿hay, por ejemplo, entre los distintos poetas participantes factores o estilos semejables? El panorama poético nacional ha vivido unos cambios muy grandes en esta última década. Si nos encontrábamos en lo comúnmente llamado “realismo sucio” y la “poesía urbana” imperantes entre los jóvenes, quebraron sus límites y, en ellos, entraron los bárbaros. A diferencia del poema de Kavafis, tal vez nadie los esperaba; “-¿Qué esperamos congregados en el foro?/ Es a los bárbaros que hoy llegan” dicen los versos del poema, y menos mal que han llegado para romper lo establecido, en algunos casos, y en otros para renovarlo –que no es poco-. En una línea, se encuentra quienes, viendo la decadencia del ese “realismo sucio” han alzado la voz para rebelarse y rescatar una línea más formalista o minoritaria, es decir, defensora del poema como obra clave, el verso trabajado –ya sea libre o con métrica-, la belleza, la verdad del poeta y el reconocimiento de referentes ya olvidados o enterrados; en otro, han visto renovada esa “poesía urbana” ya caduca en la mera descripción de lo observable en una ciudad y en “lo alternativo” por una mezcla de la llamada “poesía de la experiencia” y ésta, con mismos referentes; también, una entendida como más comercial o denominada “madrileña” por los últimos éxitos en la capital y, en especial, éxitos de ventas en las librerías comerciales, lo cual no se puede, ni debe, obviar, pues es parte del público al igual sucede en la novela o el cine. Así pues, en Insultantemente jóvenes, se ha encontrado reflejada esta gran variedad ecléctica, gracias a la mano de su coordinadora, Cris León. Ella ha ofrecido durante todo el mes de julio, cada miércoles a las ocho y media de la tarde, y algún viernes o sábado, la oportunidad de apreciar una muestra de la juventud y lo actual en el panorama poético lo más exacto posible, al igual hiciera hace dos años José Infante en sus ya tristemente acabadas tertulias Los Lunes de El Pimpi con Los 12 del 14 donde Cris León, y algunos nombres de este ciclo, ya participaron. Menos mal que llegaron estos insultantemente jóvenes bárbaros dispuestos a darlo todo, y con “estos” me refiero a todas las nuevas voces porque también, a diferencia del poema de Kavafis cuando dice “porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron./ Algunos han venido de las fronteras7 y contado que los bárbaros no existen.// ¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?” aquí si han tomado tierra y micrófono -que no es poco-, pues concluye el poeta alejandrino en su último verso “esta gente, al fin y al cabo, era una solución”.

Inauguración de "Insultantemente jóvenes", patio de Hotel Molina Lario.

Inauguración de «Insultantemente jóvenes», patio de Hotel Molina Lario.

 

La vida tiene su eterno retorno para cada corazón, y es un rodar sobre nosotros mismos tan íntimo que, a veces, al ver un yo pasado reflejado en otra persona, nos hiere y sorprende. Aunque ya estés despierto, soñar nunca es tardío. Ya ha terminado el ciclo Insultantemente jóvenes para, tal vez en otro verano, retornar, con otras voces y otros jóvenes sueños, para demostrar que la juventud es un insulto con modales y con futuro. Por eso, tal inauguró Cris León, y se empezó este artículo, con los versos del poeta catalán Jaime Gil de Biedma, es propio cerrar esta etapa, y este párrafo, recordando a esos versos de su “Himno a la juventud”: A qué vienes ahora,/ juventud,/ encanto descarado de la vida?/ Qué te trae a la playa?/ Estábamos tranquilos los mayores/ y tú vienes a herirnos, reviviendo/ los más temibles sueños imposibles,/ tú vienes para hurgarnos las imaginaciones. Aquí han llegado, venido los jóvenes, los bárbaros, los poetas y músicos del mañana, como un insulto, sin permiso, sin límites.

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