H.P. Lovecraft y la recíproca influencia entre su vida y su obra

Lovecraft, autor caído en el olvido a su muerte, recuperado y muy investigado a mediados del siglo XX, introductor del género de terror cósmico materialista, hoy vuelve a quedar relegado al recuerdo de los aficionados a la literatura fantástica y de ciencia ficción. Solo recordado por algunos aficionados al juego de rol basado en su obra La llamada de Cthulhu.

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Hoy, en Pez Magazine, volvemos a resurgirlo de sus propias cenizas para hacer un análisis de la relación entre su obra y su vida, pues esta podría haber sido novelada dentro de su propio género.

¿Os imagináis cómo debe ser la vida de alguien que basa su existencia entre el terror y la angustia?

El recorrido de Lovecraft, comienza a muy temprana edad. A la muerte de su padre, cuando tenía tres años, quedó al cuidado de sus tías y madre, teniendo como figura masculina solo su abuelo. Como niño prodigio que era, comenzó a leer libros de terror a los dos años, y a escribir a la tierna edad de siete años, publicando su primera obra La bestia de la cueva, a los quince.

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La Bestia de la Cueva

Por problemas de salud solo cursó dos años de enseñanza en la escuela, quedando su formación en la lectura de libros de forma autodidacta. Esto, unido a la educación de una madre sobreprotectora, y a la lectura de las historias de terror a las que su abuelo había sido aficionado, configuró una personalidad un tanto extraña y estrambótica.

La cosa no queda ahí, porque a partir de su adolescencia, Lovecraft tuvo que enfrentar una serie de muertes traumáticas dentro de su familia las cuales, siendo un niño mimado y con un fondo un poco oscuro, le fueron difíciles de soportar. Esto comenzaría con la muerte de su abuelo, de hecho esta le resultaría tan traumática que acabaría por impedirle ir a la universidad, sumiéndolo en una crisis nerviosa. Esta hizo que volviera a sumergirse en los libros de terror. Posteriormente y tras la muerte de su madre, Lovecraft se casaría con una mujer muy atractiva, Sonia Greene, con la que no mantendría ningún tipo de  relación sexual por la repugnancia que le producía el acto en sí, cuestión muy reflejada en su obra.

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Por esa educación casi exclusivamente femenina, y por la lectura de Las Mil y una noches, Lovecraft desarrolló unas tendencias claramente feministas y racistas: según él, la discriminación hacia mujer procedía de oriente, y los arios debían trascender aquella lacra. No es extraño que hable de raza aria, ya que vivió el período de entreguerras y el comienzo de la ascensión de Hitler.

Finalmente, moriría prematuramente, a la edad de cuarenta y siete años a causa de problemas gastrointestinales.

Un romance con lo siniestro

La terrible vida de Lovecraft, llena de pesadillas, terrores nocturnos y perjuicios, fue una gran inspiración para la creación de su obra. Pero no solo esta fue influida por su vida, sino que también ocurrió al contrario. Sus evidentes trastornos mentales fueron acrecentándose con la creación de la misma.

Sus obras de terror, como la ya mencionada Llamada de Cthulhu o El Necronomicón, están basadas, a diferencia de sus antecesores, en seres de otros mundos, puertas que trasladan a otras dimensiones llenas de monstruos, extraterrestres y protagonistas de psiquiátrico que ven realidades que nadie ve.

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No sabemos cuál era la realidad que veía Lovecraft, pero teniendo en cuenta que vivió una época desastrosa de guerras, sumado a su crianza y el boom de las teorías extraterrestres, no es de extrañar que se dejara influir por sus propias historias.

Lo que si podemos afirmar es que tenía cierto magnetismo con lo oscuro y lo siniestro, y gracias a ese romance, tenemos hoy historias que aún nos hacen girar la cabeza cuando leemos antes de dormir.

No está muerto lo que puede morir eternamente y con el paso de extraños eones, incluso la muerte puede morir.  

 

Escrito por: Joana Reina Carrillo

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