“El Renacido”; Primera entrega de Relatos

Con esta publicación dedicada a El Renacido quiero iniciar el espacio de creación que tenemos reservado para aquellos que quieran mostrar sus creaciones artísticas, pudiendo ser de cualquier tipo de área.

Aquí va mi homenaje a una película que sin duda, se ha alzado entre mis preferidas de los últimos meses. Un texto inspirado en la famosa escena del ataque del oso que aparece en The Revenant (El renacido).

 

Sólo hay algo por lo que luchas, únicamente es por él. El recuerdo de ella pervive en su mirada y en su tez; la que otros tanto desprecian. La naturaleza a la que muchos temen, es la que nos cobija y protege de quienes se alzan como sus supremos dueños. Aquellos que ni tan siquiera saben encontrar el rastro de los animales a los que desean despellejar.

 

Camina, oye, olfatea. Mira, toca y saborea. Siente en la dirección en la que el viento mueve las ramas de los centenarios árboles. Un crujir imperceptible quizás te delate, pero sabes que eres bueno en lo que haces, hasta que…

 

Tu carne se desgarra lentamente. Casi puedes percibir el calor de tus intestinos, antes protegidos por la grasa de tu cuerpo. Tus blancas costillas relumbran en la penumbra del bosque. No lo viste venir, no supiste prevenirlo; cazas o eres cazado.

 

Sientes su aliento sobre tu macilento cuerpo-“¡No grites maldita sea! ¡No grites!”- Te suplicas a ti mismo, mientras te clava sus garras en la espalda, intentando averiguar si tanta piel curtida esconde algo de comida. Sus colmillos desgarran tu cabellera y ahondan en la carne, saboreando el flujo de sangre que fluye rápidamente. Pero algo la inquieta, sus oseznos la reclaman y al fin se va, dejándote más muerto que vivo. No puedes apartar de tu pensamiento algo por lo que llevas sobreviviendo todo este tiempo. Algo por lo que merecen la pena los duros inviernos, los labios agrietados y el tacto adormecido en tus manos por las implacables noches :

 

“¡Tengo que sobrevivir por él! “

 

Regresa. Huele el líquido rojizo brotar de la carne que yace inerte en el suelo y llamas cuerpo. Sus colmillos vuelven a adentrarse en ti, a desgarrar ligamentos y romper huesos, pero no hay dolor que se asemeje al vivido en tu pasado y decides algo:

 

“Así, no”

 

 Tus dedos buscan el rifle, lo cargas de pólvora y todo termina. Un instante después eres más consciente de las huellas de la brutal naturaleza sobre ti, de lo que jamás pudiste haber imaginado o te contaron. Algún día tenía que pasar. Ojo por ojo; todo por lo recibido a cambio.

 

Hueles, olfateas y saboreas su sangre mezclada con la tuya.

Oyes que hay un corazón que ha dejado de latir y esta vez, no ha sido el tuyo.

 

pezmagazine_elrenacido

Ilustración de Portada: Lidia Lóuq

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *