CLÁSICOS DE HOY. JUAN COBOS WILKINS

Era un diecinueve de octubre, es decir, reciente, cuando pisara esta nuestra ciudad un poeta bajo el ciclo Clásicos Contemporáneos, organizado por el Centro Cultural Generación del 27, consistiendo en una “antología personal” por el autor de su obra y recorrido. Un día donde el poeta Juan Cobos Wilkins (1957, Riotinto), ofreció su visión más vital sobre sus libros y cuanto los ha inspirado, dando vida a títulos como Llama de clausura, Para qué la poesía, Biografía impura o, hace poco, El mundo se derrumba y tú escribes poemas; por ellos, ha sido galardonado con el Premio Internacional de poesía Jaime Gil de Biedma en 1997, el Premio de Poesía Ciudad de Torrevieja en 2011 o el Premio de la Crítica de Andalucía en 2010. Un escritor multidisciplinar, donde en novela, su libro  El corazón de la tierra (2001)  fue llevado al cine por Antonio Cuadri (2007), y tanto la película como la novela lograron un éxito incuestionable. Además, El mar invisible fue finalista también en el 2007 del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja; así, Pan y cielo, La soledad del azar, Mientras tuvimos alas o Sombras del cielo destacan en esa estela del poeta onubense. El guión cinematográfico –Los dioses extranjeros- o el teatro –Mysterium- corroboran su capacidad multidisciplinar; su espíritu de inquietud cultural lo respaldan, y el haber sido creador y director de la Fundación Juan Ramón Jiménez, o la revista Con dados de nieblas. Y con su último libro, El mundo se derrumba y tú escribes poemas (Vandalia, 2016), se presencia la culminación de un poeta, no ya por lo maduro y letal de sus versos, sino porque tiene el peso y el grosor de quien sabe que se ha asentado un pilar en la historia de la poesía de este país. Es un clásico contemporáneo del cual analizaremos más profundamente su última obra maestra.

Pan y Cielo- Juan Cobos Wilkins

Para ver cómo el mundo se derrumba, uno necesita estar erguido: este libro es esa altura, la torre donde mantenerse firme significa saberse vivo. Hacer del tiempo no un enemigo, sino amante; hacer de allá donde el dolor, una alquimia de latidos como sanación no en curar la herida sino en ofrecerla a todos los corazones malheridos, a todas las heridas en ruinas, porque el mundo se derrumba. De qué país, Orfandad, Vértigo o Casa vacía son algunos títulos donde encontrarnos, no sólo con el autor, sino con nosotros mismos, donde el poema final El hijo es ya reflejarse. También es reconocernos con nosotros desde el mundo en Triunfante y ver la inocencia conmocionando la realidad doloriosa. Este libro brutal, hermoso, lo desentrañamos hoy para recomponernos un poco más a nosotros y a nuestro mundo, al igual que en el arte del Kintsugi una taza se convierte más hermosa y apreciada al recomponerse con filamentos de oro, del mismo modo ocurre con filamentos de los poemas por Juan Cobos Wilkins.

 

Su última obra, tras 7 años, supone una profundización mayor a su anterior libro Biografía impura. Nos encontramos en un doble derrumbamiento, “la de un mundo que se va desmoronando y la de su propia existencia, que se va transformando con el paso del tiempo”, como se marcó en El día.es el 21 de enero. Es también muy interesante el trato de “el paso del tiempo” porque, fuera de ser enemigo, se trata como amante, y así se  comentó en la revista Mecurio en la publicación de enero. Desde el primer poema ese doble derrumbamiento entre mundo y persona se encuentra reflejado, y el derrumbamiento personal finaliza y culmina en el último poema El hijo donde el verso “eres la sombra del hijo que señala el lugar de la madre/ y dice: mágica” nos retrocede al poema de Orfandad porque “La orfandad son estratos/ de un hojaldre finísimo/ como pastel de infancia”. Así es, estamos ante un libro de ausencia, dolor, amor, paso del tiempo, infancia, crítica a la injusticia del mundo, y todo tratado “de forma sincera y rotunda”, como afirmó Jorge de Arco el 2 de febrero en Andalucíainformación.es. Además, el trato preciso y hermoso de la metáfora en, por ejemplo, el poema En Grand Central Station donde “el rostro entre las manos […]/ mientras la luz violenta/ como una anunciación sin ángel”. Así el poeta se ve solo, tal en el poema Ausencias, Deshabitado en que afirma “Y recuerda/ que todo cuanto ames lo amarás siempre solo”; también Fantasma, o Pintura negra en los versos “vacío en la soledad, soledad en la nada”. Pero es justo en esta nada cuando el poeta, con el poema Vértigo, sostiene “Entre el ser y la nada/ hay un poema”. El poema es su torre, su equilibrio, el motivo por el que, aunque el mundo se derrumbe, él escribe poemas, y aquí se halla el poema Equilibrio y el verso “la soledad en la belleza” lo rectifica.

El mundo se derrumba y tú escribes poemas Juan Cobos Wilkins

Hay que pararse ahora, porque viene un poema muy especial, es Triunfante, que recuerda a aquella niña colombiana ahogada durante el desastre natural del Nevado del Ruiz. El derrumbamiento no sólo de lo vital, sino del mundo, aquí toma su claro y trágico reflejo; con ello, el mundo y lo vital se confunden: “Porque sabes/ que de escombros construye la pérdida un palacio,/ porque aprendes que de ruinas la ausencia alza su templo./ Porque te arroja el mundo/ como la niña sin amigas escupe/ cáscaras de pipas en el banco más recóndito del parque”, poema Exmundo. Y ante este destruir vuelve el equilibrio en Dignidad, Eje o Restos de belleza que enlaza con lo explicado anteriormente y los versos y metáforas corroboran: “Toda la belleza capaz de soportarse/ estuvo, la tuviste./ […] una tumba/ en el cielo abierta para ángeles./ Y saltas”.

 

Rotundo, bello, sincero es el salto de Juan Cobos Wilkins en cada poema. En ellos podemos ver leves guiños a otros grandes poetas como a Juan Ramón Jiménez en su “Cómo era, Dios, cómo era” con el poema Olvido y ese “¿Cómo era ser joven, cómo era?”, también a Cernuda en Los placeres prohibidos, Peregrino o Poemas para un cuerpo cuando leemos en Sobre las aguas: «El mar que te dejaba caminarlo/ ingrávido como un enamorado” o en Eje y ese “mientras se besan los adolescentes/ como plantas carnívoras. Como plantas carnívoras”, y análogamente De qué país. Y demás sugerencias, pero todas como lejanos ecos ante una voz poética, clara, incuestionable, única, y sobretodo una de las más hermosas, importantes y necesarias de la poesía española actual. Por esto, por su larga trayectoria poética que culmina en este último libro, se le considera un Clásico Contemporáneo.  Juan Cobos Wilkins ha forjado su merecido sitio entre los más grandes de la Poesía española y su extensa historia.

 

EL HIJO

Eres el hijo que deambula por la casa vacía.

El que nombra una a una las ausencias.

El que oye los ladridos del perro que aún resuenan

persiguiendo la nada en el pasillo,

el que los imagina como una bienvenida

a su sombra que deambula por la casa vacía.

El que abre grifos y le salen a chorro mariposas,

el que cree escuchar el eco sonriente de otros pasos.

Eres la sombra que vaga como un hijo por la casa vacía.

El que extiende el mantel sobre la luna para cenar con nadie,

el que extravía su silencio como un guante impar en el cajón.

Eres el hijo que barre las hojas amarillas de las habitaciones,

el que va abriendo puertas como si hubiera

detrás, como si hubiese.

Eres el hijo con las llaves de la casa vacía.

El que a partir en los peldaños deja

pisadas invisibles que al instante se encienden

como huellas fugaces de luciérnagas que al instante se apagan.

Eres el vacío del hijo con las llaves de la casa vacía.

Eres la sombra del hijo que señala el lugar de la madre

y dice: mágica

igual que una pestaña caída que concede deseos.

Eres la sombra del hijo que señala el ámbito del padre

y escucha diáfano el futuro que sostuvo, como Atlas,

él solo en el espacio conquistado al aire.

 

El que cierra la puerta de la casa, eres

el hijo sin hijos

que apaga ya la luz de este poema.

 

(Juan Cobos Wilkins, El mundo se derrumba y tú escribes poemas)

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