CLÁSICOS DE HOY: HABLAMOS CON JOSÉ INFANTE

“Ya enterraron mi alma/ debajo de un almendro./ Algún día será espuma/ o quizá sea nada”, con estos versos de 1966, José Infante; poeta, académico y periodista, empieza su antología última, Elegías y meditaciones. Tras cincuenta años dedicados a la Literatura, en especial a la poesía, ha llovido mucho y tal vez, ese joven de veinte años, haya convertido mar lo que pensaba que, algún día, sería espuma o nada. También es frente a un mar, el malagueño, donde reside actualmente. Uno se adentra en su casa del centro y entre estanterías de libros, cuadros de amigos, retratos, distinciones, lo reciben esos ojos de quien, humilde, una vez recibiera en 1971 el más prestigioso premio joven de aquella época, el Adonáis -los hombros de Infante son los únicos malagueños en donde reposa ese galardón-.  “Mira tierna rosa amarilla de esta tarde, mira/ cómo el otoño viene y sin embargo/ ponerse a recordar resulta una medida inútil, puede incluso ser una forma de evasión,/ o tal vez algo peor”, decían los ojos del poeta malagueño en su libro Elegía y no (Premio Adonáis, 1971).

Pero desde su Premio Ciudad de Zaragoza 2013 con La libertad del desengaño o su Medalla del Ateneo, nos encontramos con una trayectoria muy extensa. José Infante ha obtenido el Cáceres Patrimonio de la Humanidad, Aljabibe, Andalucía de la Crítica, José Hierro, San Sebastián de los Reyes, Ricardo Molina, entre otros; traducido, además, a varios idiomas -inglés, francés, italiano o sueco-; estudió Derecho, Filosofía y Periodismo, además de Arte Dramático y Danza. Como poeta, se ha consolidado como una de las voces más importantes y consagradas del panorama nacional, reivindicado generación tras generación. También su carrera ha  abarcado el ensayo, la biografía, la novela, la dirección de teatro y programas de televisión como Informe semanal o la dirección de tertulias, entre ellas la exitosa tertulia Los lunes del Pimpi que dirigió durante cuatro años. Así pues, en esta ocasión nos cuenta sus impresiones tras medio siglo de entrega a la poesía, su pasión.

José Infante.

José Infante.

Nuevo libro que recoge, exactamente, cincuenta años desde el poema fechado en 1966 hasta nuestros días. Si en el salón de su casa se reuniera el joven poeta del 66 y el hoy presente, ¿qué cree que pasaría?, ¿cómo sería la conversación?, ¿algo para aconsejarle o, mejor, no vaticinarle nada?

Creo que no le reprocharía nada a ese joven ingenuo que comenzaba a escribir hace 50 años, tal vez advertirle lo que le esperaba. Pero creo que él ya lo sabía.

 

¿Vale la pena ser poeta? En sus declaraciones en entrevistas anteriores y actos, se entrevé la poesía como algo inevitable a sí mismo, es decir, inseparable. Entonces, al ver en un libro lo que, prácticamente, supone una vida, ¿ha valorado si mereció la pena? Cuando tras ganar el prestigioso Premio Adonáis, ese joven que iba a la capital nacional, ¿haría lo mismo conociendo su visión hoy en día?

Depende a lo que te refieras. La poesía es inevitable, o así la he sentido yo durante todo este tiempo. Y en algunos momentos me hubiera gustado que no fuera así y haberla dejado a un lado y hacerle caso. Creo que hubiera tenido una vida más confortable. La poesía es una forma de entender el mundo y de afrontar la existencia y no siempre es cómodo aceptarlo así.  ¿Mereció la pena? No lo sé. Tal vez el haber sido siempre fiel a mí mismo y a lo que me dictaban mi corazón y mi conciencia. Creo que haría lo mismo si volviera a 1971. Con algunos retoques, eso sí.

 

Quién podría ser o no, tal vez en otro universo paralelo, José Infante, no lo sabremos. No obstante –y menos mal-, el hombre de hoy es poeta, y de los más relevantes a nivel nacional.  Por eso, conoce bien el panorama poético, ¿cuál es su visión, tanto en general como en los jóvenes, de la poesía?

Es un panorama muy rico y muy variado, pero por eso mismo algo confuso porque en tiempos de tanta riqueza y variedad se tiende a creer que todo vale. Y no todo vale. Hay mucho bueno, pero mucha basura también, mucha imitación, mucha repetición, mucha falsa vanguardia  y mucho postureo.

 

Libro íntegro, La libertad del desengaño, que en su edición premiada no podía publicarse entero por la extensión exigida  ¿Qué le parecen los premios?, ¿dónde cree que podrían mejorar y en qué son necesarios?, ¿qué ofrecen?

Los premios son, en el panorama de la poesía, y de la literatura en general española, un mal tal vez necesario. Necesario porque hace que a veces aparezcan voces nuevas y siempre llaman la atención sobre un nombre o una obra que en otro caso, sin premio, no sucedería. Desde que en diciembre de 1971 me concedieron el Adonáis me han hecho esa pregunta muchas veces. Es verdad que entonces había pocos y por eso era más importante que te distinguieran con uno de ellos, sobre todo si era del prestigio del Adonáis. Ahora, con la superabundancia de premios y la proliferación que hay es diferente y hay muchos que nada significan, solo esos euros tan necesarios para vivir que a veces conllevan y la publicación de la obra, que eso sí sigue siendo lo verdaderamente importante. No sé cómo podrían mejorar, tal vez que fueran más justos, pero eso es difícil porque hay intereses afectos, gustos que se interponen a la objetividad en el mejor de  los casos. Creo que se ganaría si en todos ellos se fuera a pecho descubierto. Serían más limpios.

 

Además, la novedad reside no solo en un añadir un libro en su totalidad, sino en una mayor ampliación de los poemas escogidos ¿Ha tenido la tentación de corregir poemas, reescribirlos o cómo ha sido el verse ante ellos?

He tenido tentación de cambiarlos todos y reescribirlos de nuevo. Esa tentación juanramoniana de corregir infinitamente, pero me detuve, de alguna manera esos poemas fueron en cada momento mi yo poético. Cambiarlos o reescribirlos con mi ser poético de hoy sería de alguna forma una traición.

 

También hay más novedades, ¿no? Me refiero a Solo queda una sombra, título que respira un aire de reflexión, de “meditación” –pilar en su poesía-, ¿en qué consiste?, ¿es, como sugiere, testificar lo que queda tras estos 50 años de poesía?

El título de la antología obedece a dos de los pilares en los que se asienta mi poesía, lo elegíaco y lo meditativo. Hay una veta muy fuerte en mi poesía de meditación, de introspección, de alguna forma filosófica y por tanto más oscura y la otra elegíaca, más autobiográfica y por tanto también más clara. Pero hoy día la claridad o la oscuridad de la obra poética no me preocupa, como si me preocupó en otro tiempo. Y ese nuevo título que dices es el de un nuevo libro del que ya he corregido pruebas, que saldrá pronto en la colección Signos de Huera & Fierro. En él esas dos vetas y esos dos pilares se unen de alguna manera y hay una síntesis vital desoladora, como no podía ser de otra forma.

 

Y, en este sentido, por hacer un futurible, ¿nos veremos ante una tercera edición en el futuro de Elegía y meditaciones, una ampliación más? Dicen que no hay dos sin tres.

No lo descarto si continúo escribiendo algunos años más, si es que sigo vivo, aunque tampoco es necesario escribir poesía hasta la muerte, que espero no tarde en llegar. Creo que ya he vivido lo suficiente y escrito tal vez más de lo necesario.

 

(José Infante recitando el poema a continuación)

ESE ANIMAL EXTRAÑO QUE ME SIGUE

Bajo mi piel lo siento

como sangre. Por mis venas circula

libremente. Segrega por mis poros

y vive de mi aliento.

Está en cada arteria

o vaso de mi cuerpo

y a mis huesos se adhiere

como si fuera parte,

papiloma de luz y de misterio.

Por mis ojos contempla

la vida que no es,

lo que nunca ha pasado.

A veces lo sorprendo

usando mis palabras,

construyendo oraciones

a mi costa, perdido,

solo, en la tiniebla de mis ojos.

Nunca lo tengo ausente

de mis lágrimas y en la noche tiene

mi voluntad, mi voz, a su servicio.

Siempre me roba el sueño

y se pone delante de mis gestos.

Me usa para buscar la incertidumbre.

Provoca la soledad

para que vuelva a él, su amante.

No es amorosa nuestra relación.

Él me ignora y yo lo desconozco.

El mismo cuerpo usamos

y si un día se marchara,

nadie podría alimentar, escribir,

estas palabras.

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