Vivir en tiempos del 4G, vivir en tiempos de la modernidad líquida

 [Suena el despertador. “Cinco minutos más, por favor”. Y vuelve sonar. Me arreglo a contrarreloj. Corro. Prisas. Ahora son pocas las risas. Veo un trabajador que probablemente haya visto salir el sol. Quizás ni un “buenos días” haya recibido todavía. Bajo las escaleras al ritmo de un Rock ‘N’ Roll. Ojalá pudiera cambiar de canción. Un minuto de espera. Esta es la mía. “No pise la línea”. El metro llega. Las puertas abren. Colisión. ¿Es que todos lo olvidan? “Hay que dejar salir antes de entrar”. Gracias por eso, mamá. Me siento en el que ya considero mi asiento. La rutina manda, aunque a todos espanta. Un conocido. Debería bajar el volumen. Quitarme al menos un auricular. Él baja la cabeza. Yo también. Todos en el lugar lo hacen. Pocos miran al frente. No hay comunicación. Solo caras largas y muchos teléfonos móviles. Todos están conectados. ¿Bendito 4G?  Es triste. Están tristes. No quiero ser como ellos, pero ellos ya son como yo.]

 

 

Nomofobia: miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil, a que a este se le agote la batería o a quedarse sin cobertura. Abreviatura de la expresión inglesa nomobile-phone phobia“.

 

 

Esta es nuestra realidad, aunque poco se corresponda con el aquí y ahora. Hablar con alguien en Pekín siempre es mejor que conversar con el de al lado. Somos bastante curiosos nosotros. Podríamos ser la nueva Generación Perdida, pero no nos sobrestimemos, tan solo porque realmente nos han hecho sentir así: perdidos, desorientados. De esta manera, nos hemos visto obligados a tomar la evasión como nuestro único bote salvavidas.

 

 

 

 

 

La filosofía de vida, la ética, la moral y los valores por los que regirnos han cambiado. Las estructuras sociales lo han hecho y nosotros solo continuamos adaptándonos. Asimismo los conflictos generacionales surgen inevitablemente. Rompemos con el pasado, pues su manera de percibir el mundo ya no coincide con la realidad. Este es un hecho que suele chocar con nuestros padres o abuelos si ven que ignoramos su fórmula perfecta: trabajo + familia + hijos + estabilidad = FELICIDAD . Aunque son ellos los que parecen desconocer sus lagunas.

 

Zygmunt Bauman (filósofo y sociólogo polaco) afirmaba que sobrevivimos tratando de buscar una manera de deshacernos de todos esos patrones establecidos. La clave de esta época quizás sea la independencia para tomar unas decisiones propias y llevar una vida cambiante, alterable. En una palabra, líquida, tal y como sentenciaba nuestro sociólogo. 

 

Bauman tenía razón, pues es cierto que el individualismo se ha convertido en el pilar fundamental de la sociedad, cada vez más temporal e inestable.

 

“Creemos en las variables y en las fechas de caducidad, lo que afecta a todos los ámbitos.”

 

 

 

Hablemos de amor. Ofrecemos un sentimiento de alquiler sin opción a compra. Algunos lo relacionan con el miedo al compromiso, a renunciar a una libertad que nos pertenece y que durante tanto tiempo nos había sido privada. Principios y finales cada vez más unidos, encuentros efímeros, relaciones creadas a través de un click, sin dar la cara… Quizás no sea todo cuestión de juventud, sino de época. Y sí, rechazamos estabilidad y dependencia porque comprendemos que tal y como afirmaba Benjamín Prado “ser independiente es poder elegir a quién necesitar”. No estaremos entonces tan perdidos si sabemos lo que no queremos.

 

Todo ello se encuentra ligado a nuestro nuevo carácter, podríamos decir, semi-nómada. Claro que queremos tener un hogar, pero no una cárcel. Tener un sitio al que volver, pero sin echar raíces.  Viajar, explorar, descubrir y sentir se torna necesario. El término japonés satori sabe expresarlo. Este hace referencia al momento en el que descubres que solo existe el presente, creándose y disolviéndose de manera instantánea, convirtiendo al pasado y al futuro en una mera ilusión. Con esto entendemos que preferimos disfrutar del momento, de aquello que tenemos y demostrarlo.

 

 

4G

 

 

Vivir de esta manera no es síntoma de la inconsciencia, sino del efecto colateral de la evolución. Trabajos temporales, mal pagados, emergentes, a corto plazo… Convierten a cualquiera en un buscavidas (o superviviente). Y si no quisimos ser transeúntes, no nos quedó más remedio. Nos tocó el tiempo de la modernidad líquida. 

 

En definitiva, es posible que esa modernidad líquida que definía Bauman no sea más que un estado transitorio hacia una utopía que pronto descubriremos imperfecta, pues la actualidad ya cojea.  No obstante, este es el momento que nos ha tocado vivir, así que tan solo nos queda seguir descubriendo o tratar de transformarlo.

 

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