Bigott en Entrance 2016

En uno de los descacharrantes gags del mítico programa Muchachada Nui, Joaquín Reyes, emulando al escritor Fernando Sánchez-Dragó, saltaba por el campo al grito de “¡libertad creativa!”. Esa frase podría ser la definición perfecta para Bigott – nombre que reza en su DNI, Borja Laudo – escuchando cualquiera de sus canciones o siendo parte activa del público asistente a cualquiera de sus conciertos.

Porque este músico – o anti-músico – es la quintaesencia de la independencia y el buen hacer, tanto en forma como en contenido, dentro del indie pop, con una discografía que nunca ha bajado del notable alto y que ha llegado a cotas de matrícula de honor con su último disco, My friends are dead. Llámenlo madurez artística. O no artística.

La presentación de dicho disco era el motivo de su visita por tierras malagueñas – si la memoria de este cronista no le falla, el año pasado pisó estos mismos lugares – dentro de Entrance, ciclo de conciertos pop-rock que la Diputación de Málaga / Culturama celebra en el Centro Cultural Provincial María Victoria Atencia.

pezmagacine_bigottconciertodiputacionmalaga001

Fotografía: Javier Acedo

Y, adelantando el resultando de la contienda musical, se podría decir que Bigott “llegó, cantó y triunfó” teniendo como ventaja a un público entregado desde el minuto uno de la noche.

El carácter inquieto, cómico y casi transgresor del artista ya se podía apreciar minutos antes del concierto, bailando en el escenario, tocando la batería, saludando o conversando de forma dicharachera con los recién llegados a la sala. Todo un gentleman de buenas maneras, educado y alocado a la vez que se transformó al segundo de iniciar el concierto en lo que se ha convertido tras todos estos años de discos y canciones, uno de los mejores artistas de nuestro panorama indie.

Arrancó con uno de sus hits, She’s my man en tono más melancólico y minimalista que en anteriores ocasiones debido a la participación de unos teclados que se convirtieron en piedra de toque perfecta en algunos momentos de la noche.

Tras el primer tema, Bigott fue demostrando por qué es artista poco amigo de lo convencional, yendo avant la lettre de los convencionalismos indie. Teniendo como armas jerigonzas musicales provenientes de su cancionero pretérito como una distorsionada God is gay o los aires fronterizos de Dead mum walking acompañadas de canciones más recientes en el tiempo como Baby lemonade, Pavement tree o We make sense.

pezmagacine_bigottconciertodiputacionmalaga002

Fotografía: Javier Acedo

Obviamente, el grupo venía con ropas de estreno y así fue lo acometido por la banda, la presentación de su nuevo disco con auténticas delicias pop como Hang, Happy flan y su deliciosa línea de guitarra algo perezosa y tristona, At the end, Coming soon o She’s gone – dos canciones que funcionan como pruebas demostrables de que, si Bigott fuera a una fiesta de disfraces, él iría transformado en Lou Reed –.

Por otro lado, es de delito no dejarse en el tintero – se podría decir incluso que fue momento para enmarcar – la chuchería a modo de versión que Bigott utilizó para sorprender al público; el clásico de The Cure “Saturday night”.

Entre chascarrillos, invitaciones a seguir su Instagram y saludos a los rezagados al concierto, la velada iba llegando a su fin con el ya clásico Cannibal dinner, esta vez sin coreografías, perdiendo su toque disco pero con añadido más guitarrero y pop.

Tras su fuga hacia el backstage, todos sabíamos que habría más miga después del “hasta luego” de turno y los protocolarios aplausos con una buena ración de canciones repartidas en dos bises ,donde Bigott volvió a tirar de versión respetuosa para reivindicar a Jeremy Jay, productor de sus dos últimos discos y figura clave del nuevo sonido bigottiano, tocando una canción de éste último, In this lovely town, presentó el primer single de My friends are dead, “Apple girl” y dejó protagonismo a su bajista cantando una nocturna y emotiva We’ll dance para acabar por todo lo alto con una instrumental y surfera versión de Poupee de cire, poupee de son.

Mientras aplaudíamos y despedíamos al sin par Bigott, comencé a pensar que hay sucesos y detalles que se repiten de forma anual como la lotería de navidad, los amores de verano, las películas de Woody Allen y, si me preguntaran, incluiría los conciertos de Bigott.

Porque Bigott, una vez al año, no hace daño. Al revés, alegra el alma.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *