Emocióname o calla para siempre

Nunca me ha gustado la crítica de cine (y conste que la he ejercido en algunos momentos). No es útil, y ahora explicaré por qué.

 

Yo antes perdía mucho tiempo charlando con amigos e intentando descubrir por qué una película era buena o mala. Horas y horas de conversaciones que a veces se volvían absurdas, porque unos defendían a Spielberg y otros lo atacaban. Unos defendían a Dolan y otros lo atacaban. Unos defendían a Almodóvar y otros lo atacaban. Al final, en la inmensa mayoría de los casos, hablar sobre cine se reduce a hablar de un director en concreto pero nunca de la película que inició esa conversación y las películas son entes independientes que deberían ser juzgadas por méritos propios, no por la trayectoria de sus autores.

 

 

Crítica de cine

«Laurence Anyways» de Xavier Dolan

 

 

Hay dos tipos de críticos; aquellos que te dicen cómo habrían rodado  la película y los que te dicen qué habrían contado en la película. En ninguno de los dos casos analizan el film desde fuera hacia dentro, lo único que hacen es ponerse en el lugar del director o del guionista y abrir un universo paralelo en el que ellos (críticos transformados en cineastas) hubiesen rodado una obra diferente y mejor de la que han visto.

 

 

«Nos pasamos la vida intentando entender las obras de arte, pero igual lo único que tenemos que hacer no es entender, sino sentir.»

 

 

Lo que voy a decir ahora sonará tópico y típico, pero si un crítico es capaz de hacer mejores películas que Sorrentino o Almodóvar debería dejar de escribir y ponerse a buscar productor. El mundo necesita a grandes cineastas y si ellos creen que lo son o que lo harían mejor, han de demostrarlo haciendo películas. Lo demás es simple conversación para llenar horas de charlas de café con aroma a aburrido intelectualismo universitario.

 

 

Crítica de cine

«María (y los demás)» dirigida por Nely Reguera

 

 

¿Cómo sé yo que una película es buena o mala? Hace mucho que no me hago esa pregunta. Ya no me pregunto si “es buena o mala”, lo he cambiado por si “me emociona o no”. Ya está. Años y años perdidos para darme cuenta que lo único que me interesa de una película es que me emocione, independientemente de cómo sea la película, quién la haya hecho y en qué condiciones. Eso es lo que me importa y creo que eso es lo único que debería importar a la hora de hacer crítica de cine. Si te ha emocionado una película, habla de ella. Si no te ha emocionado, no hables de ella y habla sobre una que sí lo haya logrado. No merece la pena desperdiciar tinta en hablar de algo que no nos ha conmovido, aunque sea de manera leve.

 

«Lo que emociona y conmueve queda. Siempre.»

 

Nos pasamos la vida intentando entender las obras de arte, pero igual lo único que tenemos que hacer no es entender, sino sentir. Ya está. No hay más. No hay que saber de pintura para emocionarse con algunos cuadros de Dalí o Goya. No hace falta saber de música para emocionarse con una canción de Sinatra o Queen. No hace falta saber de literatura para emocionarse con Nada o El guardián entre el centeno. Lo que emociona y conmueve queda. Siempre.

 

 

Emocióname

MOONLIGHT, Mahershala Ali, holding Alex R. Hibbert, 2016, photo by David Bornfriend, ©A24/courtesy Everett Collection

 

 

Yo andaba algo desencantado del cine (todo me parecía igual) hasta que hace años y en el mismo día, visioné dos películas que me devolvieron la fe en el poder de las películas: La gran belleza y Laurence Anyways (de Sorrentino y Dolan, respectivamente) Ese día lo cambió todo para mí. Ese día me di cuenta que siempre habría obras que me volverían a emocionar como la primera vez que disfruté de Ocho y medio, Persona, En la ciudad, Todo sobre mi madre, Rojo, La ventana de enfrente, El sur

 

Últimamente me ha vuelto a pasar con Kiki, el amor se hace, Tarde para la ira, María y los demás, La puerta abiertaY en el cine internacional con Moonlight o La La Land. Indudablemente que os podría explicar por qué Moonlight es una gran película. Os podría aburrir con explicaciones sobre planos, personajes, giros en el guion, etc, etc, etc… Pero eso ¿a quién le interesa? A nadie. Lo que sí os diré es que viendo Moonlight los vellos se me erizan, porque percibo que el director ha llegado a un grado de verdad en algunas secuencias y momentos que valen más que todas las explicaciones técnicas y críticas que se puedan hacer sobre la película en cualquier libro o artículo.

 

 

Emocióname

«La gran belleza» de Sorrentino

 

 

Esa es la verdad del cine. Esa es la verdad el arte. Conmover y emocionar. No hay más (que no es poco). Así que la próxima vez que vayas a hablar o escribir sobre una película piensa primero si te ha movido por dentro o no. Si lo ha hecho, el mundo necesita saber de tu experiencia. Si no lo ha hecho, el mundo no necesita otra clase teórica sobre “yo lo hubiera hecho de la siguiente manera”.

 

Agarra una cámara y emocióname. Igual no eres crítico, igual eres director o guionista pero aún no lo sabes o no te atreves a saltar al otro lado. Te animo a hacerlo. El cine no necesita tu opinión, el cine necesita tus historias y tu modo de ver el mundo.

 

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