Éxito de ‘Monstruos Brutales Asustados’ en el Contenedor Cultural UMA

Una inesperada aparición entre el frío nocturno se hizo presente, con unos perturbadores diálogos en los que todos nos vimos sumergidos, ¿quién era aquella muchacha que entre juegos y silabeos llamaba la atención del público que esperaba para ver la obra?

Ese era el pase que Jon Rivero nos tenía preparado como anticipo al mundo de Monstruos Brutales Asustados; una muchacha perdida entre sus propios balbuceos que nos acompañaría durante el transcurso de la noche, entre la desconcertante pérdida de sí misma y de los que la acompañarían en su camino.

 

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Vía El Contenedor Cultural

 

Inesperada fue, ya sobre del escenario, la utilización de elementos tecnológicos que nos acercaban más a lo físico de las dos personajes, pues con cámaras situadas en puntos estratégicos del espacio teatral se acercaba nuestra mirada a lo que en otras ocasiones seríamos incapaces de percibir; gestos, palabras que querían ser dichas pero se quedaron en la nada, expresiones que pudieran parecer insignificantes pero tras las que se puede encontrar la esencia de un momento. Todo ello visible en dos enormes monitores que hacían del principio de la obra un juego a dos bandas entre lo cinematográfico y lo teatral. Esto me fascinó por completo y me sumergió en una historia poco corriente, contada de forma aún menos corriente.

¿Qué se esconde tras una mente perturbada? ¿Qué angustias y miedos? Pero realmente, ¿qué posibilidades de escapar hay si quienes te rodean pueden no ser producto de la realidad y sí de tus sentidos atrofiados? La obra se nos presenta como un sinfín de caminos en los que discernir la autenticidad de los sentimientos humanos; angustia, soledad, pesar, miedo, perturbación, agonía… en la búsqueda de lo se es, para evitar así lo que no. Aunque conlleve la propia destrucción del Yo alcanzar la plenitud verdadera.

 

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Vía El Contenedor Cultural

 

Una obra en la que el punto clave para mí fue la gran labor en la dirección de actores y el magnífico trabajo de los mismos, pues en el escenario se creó una red de complicidad de fuerza descomunal entre Azahara Memberg, Adriana Bacalon, Jose Manuel Laure, y Carmen Titos. Fascinada me quedé con la capacidad expresiva de tres monstruos escénicos que parecían sacados del reparto cinematográfico de una película de David Lynch. Con una caracterización cuidada al detalle, que hablaba a voces sobre sus características psíquicas. Con genialidades escénicas así, ¿para qué utilizar el atrezzo?

La obra en ciertos momentos incluso llegaba a tornarse en experimento visual, en el que los personajes viajaban a lugares tan recónditos como el mismísimo Japón, gracias a la proyección de material audiovisual. Algo verdaderamente inesperado, que le otorgaba un aire cinematográfico bastante acentuado nuevamente. Material audiovisual creado por el propio Jon Rivero, lo que subraya la complejidad de una obra que sin duda, recomiendo encarecidamente.

 

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Vía El contenedor Cultural

 

El lleno en la sala era total y cada uno de los asistentes pudo alucinar con lo que ante sí ocurría; cambios  de escenario inesperados, la aparición y desaparición de los actores y con un desarrollo de la trama que como espejo convexo, podía reflejar los Monstruos Brutales Asustados que pudiéramos albergar en las entrañas.

Tras una ovación merecida, el director y los actores asistieron a una ronda de preguntas en las que la sorpresa siguió sobre el escenario, “lugar-según Jon Rivero- para gente sin miedo, pues puede tornarse abismo”. Jon Rivero explicó de donde provenían sus personajes y como “la locura es algo muy cotidiano y jodido”. Así, de manera cercana se produjo un feedback bastante curioso en el que las dudas que durante la obra pudieron aparecer en los espectadores, se fueron diluyendo.

 

Monstruos Brutales Asustados

vía El Contenedor Cultural

 

Todo ello escenificado en El Contenedor Cultural, espacio vanguardista que ha servido para acoger esta obra que podíamos encontrar dentro de la programación del Festival de Cine Fantástico de la UMA.

Espero que la gran acogida por parte del público y el éxito que tuvo Monstruos Brutales Asustados sea expresada en próximas representaciones, porque volver a verla no sería para nada una pérdida de tiempo, todo lo contrario; se convertiría en enriquecimiento personal.

 

ENTREVISTA A

Jon Rivero, autor y director de ‘Monstruos brutales asustados’

¿Cómo nació Monstruos Brutales Asustados? ¿Cuál fue la “chispa” que dio pie a la creación de esta historia? ¿Tardó mucho en convertirse en lo que es?

Monstruos brutales asustados nace como una idea que me rondaba acerca de contar “la vida” de los monstruos modernos, invisibles, cotidianos. Luego entró el fanzine y el encargo para el Contenedor Cultural con libertad total. Ahí empezaron a surgir los tintes fantásticos de la obra. No obstante, la historia principal se generó en verano y mi viaje a Japón en Agosto terminó de dinamitarme la cabeza para dar con muchas de las claves de la obra. Realmente es una obra de génesis y ejecución muy rápidas.

Quería hablar de todos aquellos a los que la mente les funciona de forma imprevisible, de la culpa, de los que desaparecen de nuestras vidas y de la familia. Todo ello envuelto en un ambiente enrarecido.

 

¿Tuviste claro desde un primer momento el título? Personalmente me llama mucho la atención.

Sí. Todos los monstruos -sean bestias o humanos- siempre tienen un trauma, una tara. Tienen miedo de algo, un fantasma que les persigue, un ‘malditismo’. Y eso es  porque las mejores historias de monstruos son generadas por otros monstruos anteriores, de forma social, mental o por la relación turbia con semejantes. Casi siempre la maldad o lo oscuro del ser humano es propiciado por otra maldad, extorsión, trauma, sadismo, adicción, filia, etc. Por un entorno extraño en el que se mueve el personaje.

 

Dices que la locura es algo muy cotidiano y muy jodido, ¿tienes que vértelas con ella en tu día a día?

Tengo la experiencia de un familiar que convive con esquizofrénicos a diario. Lo que más me sorprendía de lo que me contaba era el termino cotidiano en el que viven casi todo el tiempo, hasta que de repente desconectan del mundo y hacen cosas extrañas. Realmente lo que más miedo da es estar pensando en que alguien puede irse a la mierda en cualquier momento pero no lo hace, la calma antes de la tormenta, la imprevisibilidad, ese desasosiego. La locura muchas veces se configura en cuanto a los ambientes y las miradas y lo cotidiano.

En cuanto a mí, siempre he pensado que voy a acabar mis días loco tirándome por una ventana, literalmente. Es… mi mayor miedo por cómo funciona mi mente enrevesada, mi cabeza no para ni un segundo, mis pensamientos van siempre por delante de mis acciones  y eso provoca un desgaste. Una cosa como que algún día, dentro de muchos años, me va a poseer mi personalidad y se va a hartar de todo.  No es que conviva a diario con la locura, pero sí convivo con actores que es algo muy cercano a eso (risas).

 

Lo cotidiano se plasma en estos personajes, colmando sus vidas de rutina. ¿Es fácil que el público se sienta identificado con ellos?

Yo diría que sí, sobre todo porque son gente imperfecta (como todo el mundo). Tienen un rasgo de personalidad muy claro e indomable, que hace que empatices con ellos en algún momento. Son cada uno, a  su forma, personajes egoístas, y lo que nos hace agarrarnos a ellos es eso mismo, esa lucha de egoísmos entre ellos. Esas cosas que no se dicen pero que se convierten en ponzoña, entre ellos o en su relación hacia el mundo que les rodea. Y sobre todo se empatiza porque no tienen nada que ver entre ellos; Keiko, una idealista extraña, dominante, verborreica pero entrañable, Yukio, un hacker introspectivo, impenetrable y que ha huido siempre de los problemas  y Luz, una psiquiatra y mujer invisible, que ha aguantado todos los golpes de la vida con ganas de que la escuchen y dejar un legado.

 

¿En algún momento tuviste problemas en el desarrollo de la trama de la obra? Pues entiendo que manejar sentimientos tan extremos sobre el papel no debe ser fácil.

Todos. Disponer toda la trama y la propia arquitectura de la historia tiene un trabajo enorme detrás. Se puede decir que no escribía ni una sola línea sin tener en cuenta la narrativa y la estructura de la obra, sobre todo por la parte final  ‘que te vuela la cabeza’. Fue una de las cosas a la que más me costó llegar y desarrollar y de encontrar el tono. El tono lo es todo, siempre. También el personaje de la psiquiatra sufrió cambios desde el principio. Yukio apareció y se me reveló en mi viaje a Japón, cuando vi a un hombre particular en Kyoto…

 

¿Tuviste alguna dificultad con la elección de los actores? ¿Y en el trabajo con ellos?

Paradójicamente siempre es un trabajo que me lleva mucho tiempo, pensar exactamente quién y por qué. Muchos días de quebraderos de cabeza.

De pensar y repensar y volver a pensar. Un dilema siempre, porque en la elección siempre se quedará alguien buenísimo en el camino.

No me gusta hacer pruebas. Por eso intento ver todo el teatro que puedo, que es el mejor casting indirecto del mundo. Es lo que deberían hacer todos los directores, preocuparse por la escena y por los actores que levantan las historias. Hay perlas y diamantes en el lugar más insospechado.

 

¿Pensaste en ellos desde un principio?

Sí.  El personaje de Luz y Yukio, sin duda. En el de Keiko tuve mis dudas, pero acerté de pleno con Azahara. Ha hecho una composición muy intensa, emocional, singular e inquietante del personaje.

 

Supongo que a la hora de actuar y vértelas con personajes tan complejos como los de la obra se torna difícil en muchas ocasiones. ¿Se dio el caso a la hora de dirigir a los actores? ¿Tuvieron problemas o dudas?

De nuevo, en los procesos de ensayos salen todas las inseguridades, dudas, incluso riñas o pequeños incendios. Es normal, si no lo los hubiera, estaríamos muertos, y el teatro es algo que tiene que estar muy vivo, todo el rato. Se trata del viaje, de la emoción y del momento para mí. Una cuestión de principios, de riesgo y de tirarse por el barranco. Si no es así, no disfruto ni me desafía, lo cual es como ver la misa los domingos por la mañana, aburrimiento extremo.

Los actores tuvieron todas las dudas del mundo, más aún, yendo de tiempo tan ajustados como fuimos. Yo les calmé, hablé muchísimo con ellos, les levanté, les desafié… Había que sintetizar y ser certeros, sin dejar de lado las cosas importantes, como los dilemas de los personajes, o contra que tienen que luchar de sí mismos y su entorno o que tuvieran el mapa mental de la obra todo el rato. Fue estresante pero brutal el proceso de ensayos, se nos fue la cabeza, enlazábamos ensayo, comida y ensayo y no vivíamos para otra cosa. Si no las cosas no salen.

Ha sido un proceso durísimo, extraño, vital y hermoso a partes iguales. Un trayecto de esfuerzo mental y físico tremendo. Había veces que perdíamos la razón y las fuerzas.

Igual nos enfadábamos de la ostia, que otras conseguíamos cosas muy enormes. Esa es la magia o el ritual que se consigue dándolo todo. En este caso desfallecimos para obtener la mejor de las muertes. Un día de estreno MARAVILLOSO.

 

¿Cómo te sentiste el día del estreno de la obra? Supongo que debió de haber bastantes nervios de por medio. ¿Salió todo como se esperaba o surgió algún imprevisto?

En el día de estreno, el previo… Todo lo que podía salir mal, salió: problemas con la mesa de luces, con la mesa se mezclas de sonido, no poder hacer un ensayo general, últimos preparativos, cuidar hasta el último detalle pero haber prisas. Pensar que iba a ser un desastre total. Y ocurre esta cosa del teatro que es el fuego y gasolina, sin esperarlo.

Todo ardió a la perfección, y quemó profundo a los espectadores que salieron encantados y tocados. Incluso me sorprendió.

Absolutamente, todos los feedbacks y opiniones, muy buenas tras la función y entusiastas, lo cual es raro.

Salió un pase sideral, muy dinámico, entregado y emocional, con mucho ambiente. A la gente le gusto el qué y el cómo y la ‘visualidad’ de la propuesta. Eso es lo más grande para los que intentamos levantar ideas sobre un escenario. Una droga-adicción infinita. Casi sin darte cuenta, has pasado un mes y medio desgarrándote y, repentinamente, esa noche y en medio de la oscuridad acompañado de extraños, revives.

 

Tienes una experiencia con ellos, como si fuera un viaje astral fabuloso e indomable. Casi sin darte cuenta, obsesionado, has entregado tu alma y tu discurso a esos espectadores.

 

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Imágenes gracias a El Contenedor Cultural .

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