¿La fotografía es la perpetuidad de una vida?¿O el manifiesto de una muerte?

España. 2017. El mundo sigue habitado por nosotros, los humanos. Somos seres vivientes e ¿inteligentes? Claro, porque existimos, creamos, pensamos y nos comunicamos. Sabemos expresarnos y ¿usar la palabra? Ese don ya es cosa del pasado. Imágenes, cuadros, bocetos, tebeos, señales ¿jeroglíficos? ¡Ay, qué inteligentes eran ya los egipcios! No me demoraré más, pues esto tan solo era una premisa para daros la bienvenida a nuestra realidad visual.

La era de la fotografía (o postfotografía) hace ya tiempo que comenzó. Vivir entre esta saturación de imágenes puede no ser un suceso tan llamativo, si tenemos en cuenta que “una imagen siempre valió más que mil palabras”. Sería erróneo pensar, además, que todas ellas carecen de un sino o misión. Así que resulta conveniente desvelar qué se esconde verdaderamente detrás .

 

Atazagorafobia: “miedo irracional a olvidar, ser olvidado o reemplazado“.

 

Para qué mentir, si todos sabemos que padecemos atazagorafobia: Temor que se acentúa sobre todo si somos jóvenes, pues casi que este aparece inscrito en su definición. Tenemos la necesidad de dejar constancia, de expresar aquello que se perderá entre palabras, de sentirnos relevantes. Aunque nos hagan creer que el mundo nunca será nuestro y que los cambios a gran escala son inimaginables. Todo lo que hagamos en nuestra vida será insignificante, pero es muy importante que lo hagamos. No olvidemos que incluso el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en la otra parte del mundo. De esta manera, sabemos que en algún momento desapareceremos. Apenas quedará algo que corrobore que estuvimos. Vacío. Nada. Pero ya lo dijo Julio Cortázar: “entre las muchas formas de combatir la nada, una de las mejores es hacer fotografías”.

Por otro lado, Austin ya lo reflejó a través de su teoría. Esta sentenciaba que los actos por el mero hecho de anunciarse, se creaban; pero esos mismos actos por el mero hecho de plasmarse en una imagen, existían. Y así nadie podría dudar de que fuimos, más allá de simplemente estar.

 

 

Esto que hablamos suena muy bonito, pero debemos recordar que todo es espectáculo. Y nuestra realidad y concretamente nuestro reflejo de ella también lo es. Si no nos mostramos, no existimos. Así que a menudo optamos por adoptar papeles que ni siquiera nos representan. Sin embargo, somos así, actores, pero al mismo tiempo como espectadores preferimos consumir ilusiones a la realidad. ¿Entonces significa que tenemos lo que queremos?

No obstante, sigo creyendo que la fotografía es mucho más compleja y ardua de explicar. Quizás esa sea su similitud con los sentimientos: difíciles de describir, algo más sencillos de mostrar.

 

 

A diferencia de lo que solemos pensar, las imágenes son incapaces de recoger únicamente un instante, cuando en su naturaleza está encerrar vidas enteras. Cierto es que ellas pueden reproducirse hasta la saciedad. Explotarse, hasta llegarte a cansar. Pero lo hacen a partir de un momento efímero, que jamás se repetirá de manera existencial. Esto es la grandiosidad o fatalidad de la fotografía, el retorno de lo muerto. Sin embargo, la fotografía no rememora el pasado en sí, no nos confundamos, sino que sirve de testimonio de que lo que vemos ha sido. Así me atrevería a decir, que la fotografía está relacionada con la resurrección.

Nosotros cambiamos con el paso del tiempo, nuestra manera de ser, de sentir, nuestros hábitos, las personas que nos rodean, nuestras influencias… Y esto aparece en ellas. Nunca seremos los mismos que fuimos, por eso nuestro yo del pasado habrá quedado sepultado y tendremos constancia de ello. Por consiguiente, es probable que ni ese yo coincida con nuestra imagen. Curioso, porque incluso perderemos el control sobre ese doble. La fotografía no nos pertenece a nosotros como protagonistas ni al fotógrafo como creador. Su dueño es todo aquel que la mire. Nosotros simplemente seremos objetos de museo y/o artistas si somos su autor.

En definitiva, puede entonces que la fotografía no sea más que un intento de perdurar, de tornar en sempiternos momentos que podrían llegarse a desenfocar. O puede que esta sea nuestra de manera de demostrar que la vida, tal vez, no sea un sueño, como opinaría Calderón de la Barca.

 

Fotografía

 

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