Fruta y placer (sexual) a través de la mirada de Stephanie Sarley

Hay algo que se agita constantemente en nuestro interior, incluso sin que nuestra conciencia pueda percatarse de ello. Nos encadena con aquellos seres que dejaban testimonio de su existencia a través de pinturas, que a día de hoy podemos encontrar en cuevas y grutas. Sentimos racionalmente que estamos alejados de aquellos homínidos, pero cuan equivocados podemos llegar a estar.


Nuestra esencia está enraizada con la naturaleza y con el estremecerse que debajo de nuestros pies se desarrolla, paralelamente al fluir de nuestras estresantes existencias
. Creemos saber qué debemos poseer, sin darnos cuenta de que tenemos sentidos que no disfrutamos, pues están obsoletos por las necesidades impuestas de un consumismo creado.

 

Nuestro nacimiento se adscribe a una época en la que lo importante no es sentir el tacto de la piel del otro, sino intentar cumplir metas que nos imponemos o nos imponen. Así, renegamos de aquello que nos une a nuestros ancestros animales, y nos dejamos influenciar por una cultura creada en la que se habla de “instintos primarios”, cuando podría hablarse de “placeres”.

 

 

Las creaciones culturales también ofrecen perspectivas en las que el goce sexual se tiene en cuenta, pues él nos proporcionó el erotismo; multitud de sensaciones y emociones que son capaces de nacer para el único disfrute individual y para nada trasferible. Así el hombre ha dejado de aparearse, para otorgar al momento de la reproducción un placer inusitado, que va conjugado con el mismo y  del cual nacen múltiples formas de encontrar placer.

 

La artista estadounidense Stephanie Sarley juega con eso, con buscar el erotismo en el lugar más inusitado: la fruta. Es interesante ver como el desarrollar un simple -pero eficaz- juego erótico con cualquier tipo de pieza- naranjas, melón, papaya- ha sonrojado a más de uno y por ello se la ha llegado a censurar. He aquí la gran hipocresía ¿hay a quien le avergüenza comprobar que es excitante ver como un semejante con su dedo índice masturba a una fruta? Sí.

 

Con ello la artista demuestra como la perversión está en el ojo de quien mira, pues acaba temiendo liberar sus propios instintos, pudiendo incluso calificarse de un experimento social bastante interesante, tan interesante que su cuenta de instagram se ha evaporado, pues hay quienes no quieren que veamos como un melón puede ser demasiado sabroso, váyase que las ventas del mismo arruinen el mercado del porno. Si una cosa está clara es que a veces la imaginación puede llegar a otorgar mucho más placer que lo explícito, y eso es algo con lo que Sarley ha sabido jugar excelentemente.

 

Fruta

 

Acaricia con su dedo índice y corazón piezas de fruta hasta exprimir su jugo o hacerlas estallar. Hasta que nuestra mirada siente como los fluidos corporales no se alejan mucho de lo que una naranja de sangre puede enseñarnos, si sabemos exprimirla bien. Un paralelismo que abruma por la cercanía con la que nuestros sentidos nos lo presenta, pudiendo convertirse en la nueva campaña de Durex.  Según sus propias palabras “el vídeo pretende personificar a las vaginas a través del humor de lo absurdo, además de terminar con el tabú de la sexualidad femenina en general. Pero todos estos gilipollas que andan sueltos por la red se molestaron con el vídeo [el de la naranja de sangre] porque simbolizaba el acto sexual con una mujer durante su menstruación. Me llamaron de todo y, en vez de ganar la batalla, Instagram decidió censurarme”

 

Así surgió la polémica de la unión de la fruta, el placer y una artista bastante imaginativa, cuyas obras están relacionadas con el cuerpo femenino de una u otra manera. Y en lo que se insinúa es lo que se quiere mostrar- sin ningún tipo de rodeos- porque los pezones  existen y que no se expongan en las redes sociales no significa lo contrario.

 

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