Eva Yerbabuena en el El XX Festival de Flamenco de Jerez

Málaga 11/04/2013 La bailaora Eva Yerbabuena durante el estreno de su espectáculo ¡Ay! en el Teatro Cervantes.

El XX Festival de Flamenco de Jerez encabeza su programación con una de las figuras más internacionales y reconocidas del flamenco actual, Eva María Garrido, más conocida como Eva Yerbabuena. El 19 de febrero presentó en el Teatro Villamarta de Jerez su nuevo espectáculo, Apariencias, que tanto por su temática como por su puesta en escena no dejó a ningún espectador indiferente. El Festival, además, contará con grandes figuras del cante, como David Lagos y otros grandes bailaores ya consagrados como Antonio el Pipa, con uno de los carteles más atrayentes en su historia.

 

cartel

 

¿A qué va uno cuando decide acudir a un espectáculo de flamenco? Probablemente, al cuestionarse esto, a muchos se les venga a la cabeza la imagen de un conjunto de personas, dispuestas de forma semicircular, que a pesar de estar realizando diferentes tareas crean un todo. Unos, se encargan de crear un ritmo atrayente, otro, un cante emotivo y seguramente, en el centro y siguiendo a los anteriores, un bailaor enfrascado en su cometido, con un pantalón de tiro alto y una camisa de volantes.

No es seguramente, la concepción que Eva Yerbabuena defienda de lo flamenco. Que no es el hábito lo que hace al monje, como dice el refranero popular, parece ser la máxima última que sigue la granaína, en su último espectáculo Apariencias. No es lo aparente del flamenco su esencia, sino es una fuerza, una particular forma de sentir, que sabe desprender cada vez que, casi, vuela con su mantón o baila una soleá. No necesita unos movimientos ortodoxos, un traje de lunares, unas peinetas, ni tan siquiera que puedan verse los músicos arropándola para que desde su estampa florezca la verdadera energía del flamenco.

Esta dualidad entre la realidad y la apariencia, sin embargo, trasciende de la búsqueda por lo flamenco hacia la necesidad vital de entender cómo se pretende llegar a ser, cuando se vive encadenado a la propia apariencia. Este conflicto, que viene atormentando a la bailaora, no responde a interrogantes, sin lugar a dudas, únicamente modernos. Platón, como ella misma ha afirmado, está más que presente en sus coreografías, filósofo que ya planteó la vida sensorial como una escasez de verdad. Si bien es un dilema histórico, es dolorosa su palpable actualidad, ya que lejos de limar las diferencias entre la fachada y el alma, la artista percibe como se construye cada vez más un mundo obsesionado con el disfraz que se ofrece y se vende. Es consciente de que el alcance de esta problemática absorve al flamenco de la misma manera que consume a los individuos por separado, y a su forma de relacionarse.

 

Eva Yerbabuena en ‘Apariencias’. Foto © Javier Fergó / Festival de Jerez

Eva Yerbabuena en ‘Apariencias’. Foto © Javier Fergó / Festival de Jerez

 

Así, no sólo persigue, con su revolucionario espectáculo, llevar el flamenco a la plena actualidad de la danza, revirtiendo sus verdaderas particularidades, sino que lo enfrenta a cuestiones que aún siendo pasadas, están arraigadas al presente. Siempre con la ayuda de un prodigioso cuerpo de baile, con bailarines de la talla de Christian Lozano o David Coria. Eva se atreve incluso a mantener una actitud crítica con sucesos recientes. Destacaría de estas denuncias, su puesta en escena de un capote en riguroso blanco, que sirve en la escena como pantalla de una proyección de imágenes de refugiados sirios, entre otras, mientras un supuesto público grita “olé”, impasible. Como ella misma ha afirmado, se ha llegado a un punto social en el que “el poder nos torea”. En otras ocasiones, el propio cuerpo de baile se tapará el rostro, se despersonalizará tal y como ocurre en una realidad contemporánea donde se aspira a parecer, pero nadie es. El arte de la bailaora siente, afronta las penurias de nuestra época y se sirve así mismo para atacar y empujar al espectador a no ampararse en la máscara que mostramos.

Todo este mensaje, de tintes casi existencialistas, que son la base teórica de toda la representación, no llegaría lejos sin las colaboraciones especiales de la voz africana de Alana Sinkëy, que con tan sólo esbozarse consigue erizar el vello y cantaores tan reconocidos como José Valencia y Alfredo Tejada. No obstante, no hay lugar prácticamente para ellos en escena, sus apariencias son contingentes, sus voces, en cambio, indispensables. De la misma forma, prescinde, desde que se levanta el telón, de lo que reconoce como antiflamenco para construir sólo un baile desde la esencia.

 

«Vivo dibujando un mundo cincelado por entrañas que no rugen

y multitudes con peces y sin redes que colorean el espacio entre los virus

¿Necesitamos un conflicto para crear?

¿Dónde está el origen y a qué distancia estamos?

¿Nos sentimos invisibles si no creamos?

¿Quiénes somos cuando se levanta el telón?»

Eva Yerbabuena.

 

 

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