Erwin Olaf y la fotografía pictórica

Hasta el siguiente 1 de mayo se podrá disfrutar una de las colecciones más interesantes que ha exhibido el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. En una exposición comisariada por Fernando Francés, se acerca al espectador a las obras más destacadas del afamado fotógrafo Erwin Olaf desde 2005. Sus fotografías, en las que interviene mediante retoques una vez han sido tomadas, crean un mundo tan onírico como categóricamente real. 

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Fotografía (Revelado cromogénico), «Bárbara». Erwin Olaf, 2005.

Cualquier espectador dispuesto a escudriñar los lienzos de Johannes Vermeer repararía, prestamente, en lo oculto, huidizo e íntimo de sus composiciones. Las bellas mujeres de sus obras parecen interrumpidas, descubiertas en mitad de un pensamiento terrible, una soledad latente dentro de la cotidianidad laboriosa. Erwin Olaf, es también holandés, nacido en Hilversum, de la Holanda Septentrional. Ciertamente, no es un pintor de la Edad de Oro neerlandesa en el XVII, pero sí es barroco en el planteamiento de sus fotografías. Aún ignorándose la frecuencia, es conocido por los estudiosos del arte holandés que Vermeer se valió en varias ocasiones de la ‘cámara oscura’ (la madre de las cámaras fotográficas) para alcanzar una perfección cromática, en sus lienzos, difícilmente equiparable. Ambos, toman la luz como aliada, y con toda seguridad esta es una de las cualidades formales más sobresalientes de sus obras.

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Fotografía (Revelado cromogénico), «Berlín». Erwin Olaf, 2012.

No obstante, al contrario de Vermeer, Erwin Olaf se sirve de la fotografía para casi, pintar, escenas del mundo contemporáneo, tan diferente y a la vez parecido, a las escenas del siglo XVII. Las modas han cambiado, tanto que en ocasiones, como nos muestra Olaf en Le dernier cri, ha enloquecido las mentes, creando monstruos de silicona y colágeno con tantos adornos como los árboles en Navidad. Pero no es todo, en este siglo, un gran delirio del retoque. Posa sus ojos sobre la incomunicación entre las personas, ya sean bien del mismo edificio o del mismo hogar. Ancianos solitarios, para los que el reloj solo marca la toma de la siguiente pastilla y jóvenes expectantes, no sin el miedo del que intuye lo que espera.

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Fotografía (Revelado cromogénico), «Le Dernier Cri». Erwin Olaf, 2009.

Los niños se disfrazan en sus fotografías de pequeños tiranos, probablemente demasiado abducidos por el sentimiento de superioridad que les otorga su buena situación social, por encima de sus progenitores e incluso, de otras razas. No hay lugar para la inocencia. Los juegos, de existir, parecen crueles, malintencionados. La belleza, de mostrarla, se sexualiza. Olaf cuestiona la doble moral de una sociedad que tolera a los adolescentes como arma de seducción pero esconde las pieles arrugadas por los años, la madurez corporal. Él la plasma frontalmente.

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Fotografía (Revelado cromogénico), «Berlín». Erwin Olaf, 2012.

Estos jóvenes, presos en la Celda de emociones (nombre que recibe la exposición), no son otros que los adultos de las otras fotografías. Adultos fríos pero dolidos, conscientes de sus errores y de sus múltiples contradicciones, incluso como el propio artista. Durante los primeros años como fotógrafo, Erwin Olaf se dedicó a diseñar campañas publicitarias de marcas de consumo, las mismas que hoy critica.

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Fotografía (Revelado cromogénico), «Keyhole». Erwin Olaf, 2011.

Cada uno de sus personajes queda, de una forma u otra, oprimido por su propia realidad y por sí mismos, lo que no significa que el dolor en ellos sea desgarrador. La pesadumbre es un ingrediente más de la cotidianidad, como los jarrones de sus interiores. Por todo esto, sin dejar de lado una estética impecable, las fotografías de Erwin Olaf han decidido ir más allá. Pero como hiciera Vermeer, nada está dicho, todo está en el aire, insinuado.

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