Barras libres de poesía y música de la mano de Kris León

“Hay que estar siempre ebrio. Esto es lo único. Para no sentir el horrible fardo del tiempo que rompe vuestros hombros y os inclina hacia la tierra, hay que emborracharse sin tregua ¿De qué? De vino, de poesía o de virtud, como gustéis. Pero embriagaos”. Con estos versos del poeta francés Charles Baudelaire podríamos definir el sentido de Barra libre de poesía y música. Sí, como lees: barra libre. Y Este es el don del arte, la belleza de la contemplación, la armonía de encontrarte a un lado de una barra, apoyado, pidiendo una cerveza tras lo que supone adentrarse, por una puerta negra, arropado por un letrero que te confiesa su ser, Rooster. Entonces, ya servido ese tercio, por un peculiar camarero, de larga melena aunque de barba más acomodada, su gesto cómplice de mediosonreír, familiar, el porqué estás ahí. Y tú –ya con algún que otro tercio más bebido-, no sabes que luego lo verás sobre el suelo en su monólogo, explicándote el sentido metafísico poético del cartel de la Feria de Málaga de ese año. Cosas así son cuanto suceden, desde el sobresalto y el humor, o el desgarro de los poemas y una canción que, análogamente como el reciente Premio Nobel 2016 de Literatura Bob Dylan, te demuestra cuánto de experiencia poética habita en las letras de una canción. Vino derramado, camisas desgarradas, todo vale para expresar cuanto el verso no dice y materializar más, si cabe, el sangrarle alas a la vida que es un poema.

 

Kris León recitando en una sesión.

Kris León recitando en una sesión.

Todo esto, quien mejor lo puede detallar es su organizadora, Kris León, una poeta y gestora cultural licenciada en Periodismo y Máster en Gestión cultural que a sus prácticamente veinticinco años ha organizado infinidad de eventos. Cultumanía, La rebótica, Carretería 19,  Insultantemente Jóvenes, son muestras de los muchos eventos que ha elaborado. Animal de deseo supuso su primer libro, publicado en Ediciones En Huida, todo un éxito. Es ella quien ha llevado a cabo, desde hace ya unos años atrás, la labor de organizar la Barra libre de poesía + Música cada mes, en el Rooster. Es con ella con quien hablamos para saber, algo más a fondo, sobre esta cita mensual de arte.

 

-¿En qué consiste una “Barra libre de Poesía + Música”? ¿Cómo surgió la idea?

Es un micro abierto para todas aquellas personas que quieran acudir a compartir su poesía y su música. Hará unos tres años que celebramos la primera Barra libre en Málaga, con la idea de abrir el panorama poético a todas las edades y estilos, y permitir que cualquiera pudiera participar, más allá de los recitales o conciertos ya cerrados de antemano. En otras ciudades ya llevaban años funcionando bastante bien, pero aquí, en mi opinión, nos hacía falta.

 

-Y desde esa idea, ¿cuándo da sus primeras andaduras hasta llegar al Rooster?

Hemos cambiado de local unas cuantas veces y nos ha pasado de todo pero, a pesar de ello, ha sido para bien: cada vez la gente se ha ido interesando más por el evento y ha habido meses donde hemos tenido que “colgar el cartel de completo”.

 

-Cada mes se han ido reuniendo infinidad de poetas y músicos, muchos de ellos hasta entonces sin estrenarse en un escenario, ¿has visto que se haya nutrido una demanda que hacía falta en la cultura malagueña, un tipo de evento sin ofrecerse?

Sí, precisamente uno de los motivos para darle vida a este evento era esa, la de cubrir un vacío. Siempre ha habido conciertos y recitales, pero no todo el mundo podía participar y mostrar lo que hacía. Además, hay gente que de algún modo ha crecido con nosotros, y es muy bonito ver cómo han ido transformándose sobre el escenario.

 

-Es cierto que, en estos últimos años, has sido la primera en coordinar micros abiertos en esta ciudad. Desde entonces, tras el “boom” en la localidad, ¿cómo ves ahora la oferta cultural?

Veo más variedad en la oferta musical y poética, y en los formatos que se ofrecen. El problema, en muchas ocasiones, es el de siempre: encontrar una sala que se adapte a lo que se quiere organizar, porque no es lo mismo un concierto en acústico de alguien local, que uno en eléctrico de una banda de fuera, una jam, un recital o una presentación de un libro. Por otra parte, el público ha ido despertando, aunque en ese sentido también nos falta mucho por crecer. En muchas ocasiones, no sé si es que no estamos acostumbrados a una oferta cultural demasiado amplia, que se prolonga incluso de lunes a domingo, o es que no hay suficiente público para ello. Yo intento ser optimista y pensar que el público “se educa”, se hace.

 

-¿Y la poética, y la musical? Es decir, como comentamos antes, muchos de ellos no habían subido al escenario, ¿cómo ves a esta nueva explosión de artistas? Además, artistas de todo tipo y otras disciplinas, como el monólogo humorístico, ¿qué anécdotas más graciosas recuerdas de los micros abiertos?

Me parece maravilloso que la gente se anime a recitar sus poemas, sus monólogos internos, eso que les remueve, ya hablen de una noche de borrachera o se pregunten sobre el sentido de la vida; que hagan una versión de un tema conocido o muestren por primera vez eso que sonaba desde hacía años en las cuatro paredes de su habitación. Conozco  muchas personas que empezaron a cantar o a recitar temblando ante el micrófono y a día de hoy son auténticas bestias escénicas. Anécdotas ha habido muchas, porque nos hemos ido convirtiendo en una pequeña familia, y nos sentimos cómodos mostrándonos con naturalidad: ha habido olvidos de todo tipo, camareros (guiño, guiño) que se convierten en protagonistas del show utilizando atrezzo, improvisaciones repentinas, caídas frente al escenario…

 

-¿Y de público? Habitualmente, los eventos culturales suelen tener un público ya más maduro, adulto; ahora, en cambio, ¿notas más juventud en los asistentes?

Es cierto que la poesía se caracterizaba, al menos en nuestra ciudad, por nutrirse de un público más maduro. Las jams también empezaron así, pero la gente más jovencita también se ha ido sumando a los eventos –incluso convirtiéndose en mayoría–, y hoy en día se mezclan diversas generaciones y todos se sienten escuchados, respetados y comprendidos. Esa es una de las cosas que más me gustan de nuestras Barras libres.

 

-En Madrid especialmente, sí que ha predominado este tipo de eventos, citas culturales, distintas a las más “institucionales” por así decirse ¿echas algo en falta aquí, en comparación a la capital nacional, por ejemplo?

Quizás aludiría a lo que comentaba antes, en torno al público y las salas. El público puede que siga construyéndose, poco a poco. Hace unos años no teníamos la oferta que disponemos hoy en día, aunque nos queden muchas cosas por pulir. En Madrid hay mucha oferta, pero también hay mucho público y variedad de salas y núcleos de ocio. Aquí es complicado organizar algo si no está en pleno centro, porque en otras zonas, vas a una sala y cuando acaba el evento no tienes ningún tipo de oferta de ocio alrededor. Y sí, eso da mucha pereza y condiciona bastante al público.

 

-Por último, ¿cuáles son los proyectos de cara al futuro que te propones como gestora cultural?, ¿y en tu poesía, alguna publicación tras tu pimer libro Animal de deseo –ya en su segunda edición si no me equivoco-?

Animal de Deseo alcanzó su segunda edición, y me regaló muchas alegrías y momentos preciosos, pese a la crudeza de su contenido. Nunca paro de darle vueltas a la cabeza y de buscar cosas nuevas, aunque el campo que más me interesa es el de la poesía y la música en escena, y por ahí van mis próximos proyectos, a corto y a largo plazo. Tengo muchos poemas pendientes, que incluso han tomado forma en libros, aunque no hayan salido a la luz. No tengo prisa por publicar, quiero tratarlos con mucho mimo y mucha calma. Ya les llegará su momento y, mientras tanto, seguiré creando, equivocándome y disfrutando del camino.

Entonces, entre risas, amigos poesía, música, rap, monólogos, performances y cuanto se tercia en una Barra libre de poesía y música, uno recuerda aquella versión de Judith Gautier, en El libro de Jade, el poema según Thou-Fou, A los ocho grandes poetas (que bebían juntos) cuando le dice a Li-Ta¨-Pé “levantas tu taza, y antes de volver a posarla sobre la mesa has compuesto cien poemas”. Ese es el don de la poesía y la música, el “don de la ebriedad”, como dice el título del poeta Claudio Rodríguez. Si quieres saber embeberte en esa atmósfera de arte y complicidad, no te pierdas el sábado 29 de octubre para la siguiente cita, a las 21:30h, en el Rooster. Y si te pierdes, que sea para embriagarte “de vino, de poesía o de virtud, como gustéis. Pero embriagaos”.

 

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