FINALIZA LA EXPOSICIÓN SOBRE DIEGO MEDINA

El poeta y editor Diego Medina Martín

Diego Medina era un apasionado de la literatura. Creo recordar que alguien habló de él como un nuevo romántico, y hay mucha razón en  eso, tanto por la pasión, como por su implicación en todo lo relacionado con lo literario: la escritura, la lectura, la edición; y a esos perfiles trata de acercarse esta exposición. Así comienza el poeta catedrático y académico Francisco Ruiz Noguera el catálogo Diego Medina: poeta y editor de la exposición en su homenaje, inaugurada el 6 de septiembre y la cual finaliza -corran, pues, a visitarla si no han ido- hoy, 30 de septiembre, comisionada por Francisco Ruiz Noguera, Diego Medina Poveda, Antonio José Quesada y Javier La Beira. Si todavía no has ido, ahora es el momento.  Entren bajo el precioso arco de la Sociedad Económica de Amigos del País hacia su corazón, dos galerías como dos latidos, los de Diego; a un lado, la izquierda, lo literario –en especial, Monosabio-; al otro, la derecha, lo personal. Imágenes, manuscritos, vídeos de su participación en actos culturales como la ya extinta tertulia que dirigió el poeta, académico y periodista José Infante todos los lunes, audios de sus poemas musicados por el cantautor argentino Juan Alberto Gómez, vitrinas, los números de Monosabio… todo lo que ha significado, en definitiva, Diego Medina Martín para la cultura malagueña, sus ciudadanos y  sus amigos y familiares. Última llamada ¡Pasen y disfruten! como diría el poeta y editor, nos recuerda el alcalde Francisco de la Torre, quien con el tiempo -si aún continúa- seguirá dándole el merecido reconocimiento y homenaje que merece, espero.

Comisarios y concejala de cultura inaugurando la exposición

Comisarios y concejala de cultura inaugurando la exposición

Hace no mucho, bajo la humana caricia del verano que es reunirse con seres queridos, entre unas cervezas y la misma humana caricia del recuerdo para el latido de la vida. Hace nada, casi ayer,  un jueves catorce de julio de este año, se celebró la presentación del número 88 de la Colección Monosabio en homenaje a su soñador primero, el editor y poeta Diego Medina Martín, quien creó y dirigió dicha  colección en 1997.  Casi ayer: veinte años de su nacimiento, ochentaisiete libros. Por su dedicación tanto a esta colección como a todo lo anterior, por las sonrisas y el afecto, por el camino bajo un único rumbo: realizar el sueño de tanto joven poeta, aún jóvenes gracias a cada edición, porque la juventud es un estado de ánimo. Por todo esto, ese día caluroso y apacible se presentó la nueva etapa de la colección en el Museo del Patrimonio municipal de Málaga (MUPAM) tomando el relevo su hijo, el poeta y filólogo Diego Medina Poveda junto a quien fue –y siempre seguirá siendo- su querido amigo Francisco Ruiz Noguera. En la presentación –al igual, pues, en sus inicios- participó, junto a los nuevos directores, el académico Antonio Garrido Moraga, aquél que en sus tiempos de concejal de cultura bajo el gobierno de la alcaldesa en aquellos momentos, Celia Villalobos, le encarga a Diego Medina Martín la dirección de una colección orientada a los nuevos escritores: he aquí, nació Monosabio. Pero no fue su primera andadura en  ediciones y publicaciones –ni mucho menos-, ya nos recuerda Daniel Muriel en el hermoso catálogo de la exposición que en 1978 nace La Córná, que tuvo mucho relevancia en esos años y son el reflejo de la pasión y dedicación de Diego. Mi primera imagen tiene que ver con un barrio y una revista. Siempre nos movimos los dos por la zona de Pedregalejo y El Palo, aunque él prefería sitios más castizos -<<Negro Zaíno>> se llamaba el bar que regentó durante un tiempo- y yo, que siempre he sido más pijo (nunca intenté disimularlo), otros locales de moda como Zambra o Villa Luisa, además de elegante, muy adecuada para los amores furtivos. Y una revista: hablo, por supuesto, de “La Corná”, que Diego fundó en 1978 con Agustín Porras y que duró muchos añosnos relata Antonio Jiménez Millán sobre los recuerdos que compartía junto al editor y poeta. Uno de los grandes proyectos al cual se entregó Diego, La Corná. Así pues, en esta exposición, también se halla el recuerdo de aquellos poetas que fueron publicados en Monosabio y, tal nos confiesa Antonio J. Quesada, siempre se devenía en una complicidad y generosidad hacia, con el paso del tiempo, una amistad imborrable porque corría el año 2003 y yo era un Becario de Investigación de la Facultad de Derecho que, entre clases seguramente olvidables y textos científicos manifiestamente mejorables, sacaba tiempo para escribir cosillas con pretensiones literarias […]. Me propuso, ya que había ganado el premio en modalidad de narrativa –Premio <<MálagaCrea2003>>-, publicar algo en una colección que, según parecía, editaba el Ayuntamiento de Málaga, llamada Monosabio. Acepté encantado. Con el tiempo sería consciente de que esa generosidad que tuvo conmigo la había tenido y la tendría con bastantes creadores jóvenes. Diego se iba a convertir en un cómplice inolvidable.

Ejemplares del nº88 de la Colección Monosabio en homenaje a Diego Medina Martín

Ejemplares del nº88 de la Colección Monosabio en homenaje a Diego Medina Martín

Por eso es tan necesario, ya no solo para cualquier amante de la cultura, además amante de su historia y de por quienes se ha ido edificando el significado de “Cultura” en esta ciudad. Eso es diego Medina aquí, un pilar, donde su trabajo, su legado sostienen por hoy y siempre los capiteles de la historia editorial de esta costa, de la historia de un corazón que para latir siendo él mismo, lo hizo viviendo –y, a veces, desviviéndose-  mediante una de los valores más nobles que puedan inspirar cualquier labor u oficio, aquella la cual consista en cumplir las esperanzas e ilusiones de otra persona. Existen huellas imborrables a orillas de nosotros mismos, pasos dados sobre la arena de nuestra alma, de cuanto al ir viviendo los días van quedando, y sin saberlo, más grande que nosotros mismos, más inmensa, y allá la sombra de nuestro recuerdo se extiende por encima de nosotros, como un mar, hasta rozar en otras personas, otras orillas, su corazón, y así comprenderlo. Análogamente, Diego ha sido partícipe en edificar la felicidad de tantos que, al ver esta hermosa exposición, aún uno se da cuenta, entiende que esta celebración, esa demostración será siempre inabarcable porque cómo retratar, cómo detallar la feliz sonrisa de más de ochenta personas, oculta cada una tras las páginas de cada edición. Y eso sí que es imborrable. Ese rastro que fue dejando generoso y satisfecho –era consciente de su magnitud- se ha convertido, y he aquí su reflejo en esa exposición, en una humana ola de eternidad, hecha para ir y volver a la orilla de todos sus soñadores y, si uno presta mucha atención, hasta en las propias playas de Málaga.

Portada de "Amanda no te preocupes que Aristóteles se ha ido", primer libro del poeta y editor

Portada de “Amanda no te preocupes que Aristóteles se ha ido”, primer libro del poeta y editor

Por otro lado, como poeta y escritor, también ha forjado un fuerte legado, y el prestigioso crítico Antonio Garrido bien supo relatarlo siempre, Diego pertenece a una especie en vías de extinción. La del escritor que es capaz de intercambiar vida y texto con una facilidad tan asombrosa que no se pueden separar […]. La originalidad no abunda casi nada, y Diego la tiene. Y también sus coetáneos, quienes apreciaron su obra desde el principio, sin dejar nunca de creer en ella; así, por ejemplo, José Infante, además de dedicarle una tertulia junto a su hijo Diego Medina Poveda, poeta, dedicó el primer homenaje al amigo. Sobre su obra, él mismo nos describe lo revelador de su primer libro tengo que decir, en primer lugar, que la lectura de <<Amanda no te preocupes que Aristóteles se ha ido>>, el primer y emblemático libro de Diego Medina, fue para mí todo un descubrimiento. Más aún, fue, en un momento determinado, un consuelo. El saber que era posible hacer otro tipo de literatura, arriesgada, distinta, moderna y vanguardista […]”.  En definitiva, cuanto albergan las paredes de la exposición dedicada en su homenaje –termina hoy 30 de septiembre, tienen una última oportunidad, una última llamada- consiste en todo esto, es decir, el legado de un soñador, el testimonio de sus alas. Y como bien remarca José Infante ha tenido el detalle de dejarnos un hijo que es poeta como la copa de un pino, Diego Medina Poveda. Qué inmensa herencia la suya ¿Seremos capaces los malagueños de apreciarla y reconocerla?, porque –sí, es cierto- cuántas veces no han valorado –y siguen sin hacerlo- los ciudadanos a sus artista vecinos e hijos, aquellos que dan puerta con puerta en el barrio o en la localidad, pero no apreciando, no siendo consciente de ello. Pero tenemos la gran suerte, la “inmensa herencia” que supone su hijo porque el poeta que se sienta mi lado es mi padre, y muy a gala lo llevo. Sin él no sería poeta […]. Y mi padre nunca me obligó a leer un solo libro ni a escribir una línea ni a escuchar una canción ni a observar una reunión literaria entre humo y el alcohol de las copas. Yo lo hacía por gusto y él no me lo prohibía. Yo mamé todo esto de pequeño, muy probablemente nunca hubiera sido poeta sin mi padre”.  Un padre y una referencia, tanto en lo literario como, sobre todo, en lo personal: demostró la eficacia de quien enseña a su hijo a ser libre y a encontrarse por él mismo, de quien es sabedor de la mayor sabiduría, pues, la de entender que la libertad se escribe a cada sueño.

El poeta y editor Diego Medina Martín

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